Los suscriptores del Club El Economista tuvieron la oportunidad de sumergirse en la fascinante civilización egipcia a través de “Egipto Ancestral: Bajo la Mirada de los Dioses”, una propuesta inmersiva de Sensea que combina arte y tecnología audiovisual. Este evento, que se llevó a cabo en la ubicación de InSpace en Enrique Pestalozzi 35, ha sido diseñado para transportar a los asistentes al corazón de la mitología egipcia.
La experiencia comenzó en una sala inmersiva de 360 grados, donde los miembros fueron guiados por Miw, un gato narrador que los acompañó a lo largo del recorrido con una descripción pormenorizada de cada escena. Esta innovadora forma de contar historias aprovechó al máximo el potencial de la tecnología para ofrecer una narración visual vibrante y cautivadora.
Marco Flores, gerente operativo de Sensea Inmersiva, explicó que la nueva sede en la Ciudad de México se centró en un formato más digital, permitiendo que los asistentes exploraran elementos de la cosmovisión y mitología del Antiguo Egipto. A lo largo de esta experiencia, los participantes pudieron observar animaciones sobre el nacimiento del sol, los ciclos cósmicos y los rituales sagrados, cada uno de ellos cobrando vida a través de personajes legendarios como Khepri, Anubis y Nut.
Además de la espectacular sala inmersiva, los suscriptores disfrutaron de un espacio lleno de espejos destinado a crear fotografías y videos memorables. La experiencia culminó con una actividad de realidad virtual centrada en Tutankamón, proporcionando una visión más profunda sobre el faraón y el legado de una de las civilizaciones más enigmáticas de la historia.
Desde su llegada a la CDMX hace poco más de un mes, la respuesta del público ha sido abrumadoramente positiva. Los asistentes han expresado su satisfacción, destacando la calidad de la producción audiovisual y su capacidad para contar historias de manera envolvente. Una de las suscriptoras, Claudia Alfaro, enfatizó cómo la combinación de imágenes y efectos convierte a esta experiencia en algo extraordinario.
La adaptación del concepto a un espacio de gran tamaño y la migración hacia un formato digital han representado desafíos para los organizadores. Sin embargo, el enfoque en la inmersión y la interactividad ha sido claramente exitoso, como lo señala Leafar Pérez, quien ha resaltado los beneficios de ser parte del Club.
Mientras que Dalia Rosales expresó su entusiasmo por estas experiencias culturales, considerando que fortalecen su conexión con el contenido del periódico. “Es una inversión que vale la pena”, afirmó, enfatizando que su suscripción no solo le proporciona acceso a la información sino también a actividades enriquecedoras.
Con “Egipto Ancestral”, los miembros del Club El Economista no solo han disfrutado de una actividad innovadora, sino que han vivido un viaje sensorial que los conectó con una de las civilizaciones más intrigantes de la historia. Con planes futuros de ofrecer experiencias similares, la propuesta promete seguir cautivando a su audiencia por mucho tiempo más.
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