https://informacion.center.com/

Siento terror ante las imágenes de drones que matan gente, cómo persiguen unos puntitos, en realidad seres humanos, y los eliminan sin piedad. También me inquietó un reportaje sobre robots en China, cada vez más sofisticados, con la foto de unos androides recolectando hojas de té. No apretando tornillos en una fábrica, no, trabajo campesino. Pero, ya entre nosotros y hablando de sustituciones, me desconcierta aún más ver una persona después de unos años y que parezca otra. Te dan un cambiazo humano. No me refiero al paso del tiempo, que de por sí impresiona bastante, e incluso tú mismo a veces no asumes que ese del espejo eres tú, sino a la gente que se opera a ultranza. No hablo de retoques para ser más guapo, sino de cambios tales que te impiden reconocer a alguien, te hacen dudar realmente de que se trate de la misma persona. Me ocurrió hace poco con alguien, y pensé: ¿bueno, y si de verdad fuera otra persona? Porque ya aceptamos creer que alguien, aunque no se parezca nada a una persona, sí es esa persona, solo porque nos lo aseguran. Ya no tienen sentido esas historias, como El príncipe y el mendigo, de Twain, o Historia de dos ciudades, de Dickens, en que era necesario un parecido asombroso, un sosia, para sustituir a alguien. Ya se puede poner a cualquiera, basta que se suponga que se ha operado. Ayuda que a menudo las personas parezcan intercambiables. Mañana aparece Espinete sentado en el Despacho Oval diciendo que es Donald Trump y es que te lo tienes que creer. Saldrían legiones de comentarios en redes sociales a favor y en contra, y sería otra cuestión de opiniones. Hemos llegado a los límites de la realidad, donde todo es posible. Desde luego es un lugar muy curioso, pero donde es difícil orientarse.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.




























