Donald Trump ha abierto una puerta a la entrada de petróleo a Cuba, y México busca aprovechar esta oportunidad. La reciente autorización del presidente estadounidense para que un buque petrolero ruso, que transportaba más de 700,000 barriles de crudo, llegara a la isla marca un cambio en la política energética hacia Cuba, tras meses de severas restricciones. La Casa Blanca ha aclarado que no se trata de un cambio formal en su política de sanciones, y que cada nuevo envío será analizado meticulosamente.
El capitán del buque ruso, Anatoly Kolodkin, logró sortear controles marítimos que habían sido reinstaurados en enero por la Guardia Costera estadounidense. Desde Moscú se insinuó que Rusia logró el visto bueno de Washington, mientras Trump expresó que no le preocupaba la llegada de petróleo a la isla, afirmando que los cubanos estaban “acabados”. Sin embargo, una portavoz de la Casa Blanca matizó que la autorización fue por “necesidades humanitarias del pueblo cubano”.
La situación en Cuba es crítica. Con la llegada de las 100,000 toneladas de crudo del buque ruso, apenas se cubren las necesidades energéticas de un solo día. La isla atraviesa una profunda crisis económica, con escasez de productos esenciales y un colapso en servicios básicos como hospitales y transportes. La petrolera estatal, Cupet, ha anunciado que el crudo importado se destinará principalmente al transporte y a la vital operación de servicios básicos, en lugar de a centrales eléctricas envejecidas.
En este contexto cambiante, el presidente Trump ha hecho declaraciones amenazantes, insinuando que sería un “gran honor” para él “tomar Cuba”. A su vez, el régimen cubano ha mantenido abierta una línea de comunicación con Washington, haciendo algunos gestos conciliatorios, como la liberación de más de 2,000 prisioneros y la apertura a negocios para cubanos en el exilio.
Mientras tanto, México mantiene conversaciones con Estados Unidos, especialmente a través de su cancillería, con la intención de ayudar a Cuba. Sin embargo, la negociación para el envío de petróleo a la isla no ha sido parte de las conversaciones recientes entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Trump.
La última entrega de petróleo a Cuba fue mexicana y ocurrió el 9 de enero. Desde que Venezuela cerró el grifo de suministro, México ha sido uno de los pocos aliados que le quedan a la isla. Las sanciones impuestas por Trump a finales de enero, que incluyen una “emergencia nacional” sobre Cuba y la amenaza de sanciones a quienes vendan petróleo a la isla, interrumpieron los envíos mexicanos, que habían convertido a México en el principal proveedor de Cuba.
A pesar de esto, el gobierno de Sheinbaum ha optado por enviar ayuda humanitaria. Hasta el momento, México ha enviado más de 2,000 toneladas de alimentos. Además, la reciente decisión de permitir que empresas privadas en Cuba importen pequeñas cantidades de combustible ha abierto la puerta a que la petrolera estatal mexicana, Pemex, establezca contactos con empresarios cubanos.
Dentro de este delicado dilema, México también se enfrenta a la presión interna y a las tradiciones ideológicas que lo vinculan con Cuba. Esta relación ha sido históricamente fuerte, y el partido oficialista Morena ha colocado la defensa de Cuba como una prioridad. La creación de una nueva organización civil en México, Humanidad para América Latina, que se dedica a comprar y enviar víveres a la isla, simboliza este compromiso.
La situación sigue siendo fluida y complicada, con cada paso anunciado desde Washington o La Habana desencadenando reacciones en uno u otro lado. Mientras el presidente Trump emite señales contradictorias, México permanece atento, buscando formas de ayudar a su vecino caribeño sin infringir las sanciones ni incurrir en represalias.
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