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Miles de personas se han reunido este martes en un parque del barrio cubanoamericano por excelencia, Hialeah, al norte de Miami, en un mitin por la libertad de Cuba. Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece estar precipitando un cambio histórico en la isla —exactamente cuál no está tan claro— a través de una asfixia energética y un diálogo con el castrismo, varias generaciones de cubanos, opositores, artistas y políticos locales compartieron la tarima en Florida para abogar por un cambio de régimen, sí, pero también rechazar un diálogo con el régimen comunista.
“Estamos muy contentos porque cada vez vemos más cerca lo de la libertad de Cuba. Gracias a este presidente, Donald Trump, y a Marco Rubio. Yo nunca lo había visto tan cerca como ahora”, dice Miroslava Romero, de 56 años, originaria de La Habana pero residente desde hace 14 años en EE UU. “Llevamos toda una vida soñando con ver a Cuba libre. Vinimos a expresarnos por eso, por la libertad para Cuba”.
Pero no tiene ninguna confianza en el diálogo. “No creemos en eso de estar hablando. Con ese Gobierno no se hacen negociaciones de ningún tipo. A ellos hay que sacarlos o a la fuerza. No sé si Donald Trump va a determinar entrar como le entraron a Maduro. Nosotros no creemos en eso de diálogo, de conversaciones”, aclara.
Los repetidos mensajes del presidente Donald Trump de que el régimen de La Habana tiene los días contados han reactivado las expectativas en la diáspora de que el anhelado cambio de Gobierno en la isla comunista podría estar más cerca que nunca. Los grupos opositores del exilio, organizaciones y líderes del sur de la Florida se han movilizado, buscando influir tanto en la narrativa como en las decisiones de una eventual transición.
En la noche de este martes, muchos llevaban gorras de Make America Great Again, y también otras que dicen Make Cuba Great Again. El voto cubanoamericano en las elecciones pasadas se inclinó claramente por Trump. El apoyo estuvo impulsado en gran medida por la política dura hacia Cuba, además de por preocupaciones económicas. La comunidad se considera un bloque importante del Partido Republicano e históricamente desde esta posición han sabido hacerse oír en los pasillos del poder en Washington.
“El propósito es llevar un mensaje directo a los más altos niveles de este Gobierno, ser muy claros y muy firmes de que queremos una Cuba libre. Y una Cuba libre para nosotros significa un cambio completo de los Castro, de [Miguel] Díaz-Canel, de todos los comunistas, traer democracia y libertad a Cuba. Nunca hemos estado tan cerca como estamos ahora, pero no queremos una solución a medias. Queremos ver un cambio político completo”, señala a informacion.center el alcalde de Hialeah, Bryan Calvo, quien convocó el evento.
“Esto es un mensaje claro a la Administración de que la mayoría de los cubanoamericanos no queremos negociaciones con el régimen. No queremos conversaciones. Queremos acciones y no palabras. Cuba tiene que ser la próxima en la lista porque el pueblo cubano ha esperado 67 años de miseria y muerte comunista. Es el momento de actuar”, añade el influencer y opositor cubanoamericano Alexander Otaola, de la Fundación Cubana Anticomunista, otro de los organizadores del evento.
Tras la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el principal aliado y sostén económico del Gobierno cubano, EE UU ha endurecido las sanciones contra la isla y, crucialmente, cortado todo el suministro de petróleo. Desde entonces, Trump ha afirmado en repetidas ocasiones que el régimen de Cuba está por caer en cualquier momento.
El mes pasado comenzaron a circular reportes de que Marco Rubio y funcionarios del Gobierno de Estados Unidos habrían sostenido contactos discretos y por canales no oficiales con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro, al margen de una cumbre caribeña en San Cristóbal y Nieves. Rubio no confirmó ningún encuentro. Pero a comienzos de marzo, nuevos reportes apuntaron a un esfuerzo más amplio de EE UU para buscar un canal de conversaciones con figuras cercanas al poder en la isla. Y el 13 de marzo, el presidente cubano, Díaz-Canel reconoció que se habían producido conversaciones entre La Habana y Washington, sin precisar más detalles.
Las revelaciones provocaron reacciones inmediatas en la diáspora. Sectores del exilio criticaron duramente cualquier contacto con miembros de la familia Castro y del régimen, argumentando que esto contradice la postura histórica que han mantenido y promovido desde el comienzo de la Revolución.
Esta es la voz que se pronunció este martes en la tarde en Hialeah, una de las zonas más densamente pobladas del condado Miami-Dade, y el epicentro de la comunidad cubanoamericana en EE UU, donde aproximadamente el 75% de la población traza sus orígenes a la isla y muchos tienen lazos y familiares todavía con Cuba.
Antes de que abrieran las puertas del parque Milander, en la céntrica Palm Avenue, casi un centenar de personas ya se había agrupado cerca de un puesto improvisado que vendía banderas cubanas de varios tamaños, gorras y camisetas. Poco después de las siete de la tarde, hora local, la muchedumbre llenaba por completo las gradas, y muchos más seguían llegando. Algunos se tomaban fotos envueltos en banderas junto a un monumento de un puño con una cadena rota que adorna el área verde del parque, mientras retumbaban canciones de Willy Chrino y Albita Rodríguez, algunos de los artistas del exilio más icónicos, prohibidos en la isla, o la clásica Guantanamera.
Lucía Lorenzo, de 76 años, quien llegó hace 46 durante el éxodo del Mariel y asistió al evento con su nuera y su nieta, opina igual que los demás. “Espero que esto se acabe de una vez, que Trump acabe de hacer algo ya. Si no lo hace ahora, no lo va a hacer más nunca”, dice mientras abre los brazos y suelta su andador, con el que se ayuda para caminar por el césped. Cuando los Castro llegaron al poder, ella tenía siete años: “Y mira todavía dónde estoy. Pero no quiero diálogo”, agrega, “metralla por ahí para allá”.
A comienzos de mes, las principales organizaciones de exiliados suscribieron un “acuerdo de liberación” que serviría de hoja de ruta para una eventual transición hacia la democracia en la isla. Rosa María Payá, líder de la coalición Pasos de Cambio, y Orlando Gutiérrez Boronat, de la Asamblea de la Resistencia Cubana, firmaron el documento de lo que describieron como “una alianza histórica”, en una ceremonia cargada de simbolismo en la Ermita de la Caridad del Cobre, el santuario nacional de la virgen de Cuba, en Miami.
Payá, hija del fallecido activista por los derechos humanos Oswaldo Payá y fundadora hace una década de Cuba Decide, una iniciativa que pide un plebiscito en la isla, fue invitada por la congresista de Miami María Elvira Salazar al discurso del estado de la Unión, en representación de “los millones de cubanos que se niegan a renunciar a su derecho a vivir en libertad”.
“Estamos en el umbral del cambio, y somos los cubanos quienes debemos protagonizar esa transformación que urge en la isla”, dice Payá este martes en Hialeah. “Los cubanos en la isla y el exilio somos un solo pueblo, y como tal estamos actuando. Las noches de Cuba se llenan de cacerolazos y gritos por la libertad y el fin de la dictadura; en el exilio estamos igual de movilizados por el cambio de sistema. Esta noche en Hialeah y las que vienen alrededor del mundo son para decirle a nuestros hermanos en la isla que no están solos; a los Estados Unidos que agradecemos la presión y queremos que continúen actuando para que los dictadores tengan que someterse a la voluntad del pueblo e irse; y al mundo que los cubanos tenemos un plan, estamos listos para el cambio y esperamos que tomen partido por el pueblo, no por sus represores”, agrega.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.




























