El OXXO es un ícono en el paisaje urbano de México, un lugar que se percibe como un buen vecino en algunas circunstancias y, en otras, como una fuente de complicaciones. La conveniencia de poder adquirir desde medicinas hasta productos de consumo cotidiano a cualquier hora contrasta con el problema de la basura que genera. Envases y desechos quedan regados a su alrededor, convirtiendo el espacio en un punto de contaminación por la irresponsabilidad tanto de productores como de algunos consumidores.
Sin embargo, la Ley General de Economía Circular, publicada en enero de 2026, promete abordar este asunto. En un momento en que muchas noticias parecían distraernos, esta legislación se presenta como una solución necesaria. La ley impone a las empresas la obligación de diseñar productos con un enfoque circular, lo que implica que sus empaques deben ser recuperables y reutilizables, facilitando así un ciclo que evita la contaminación de nuestros espacios urbanos y acuáticos.
Además, las empresas deben organizar, fomentar y financiar esquemas de economía circular relacionados con los productos que crean o importan. A cambio, pueden obtener un Distintivo Nacional de Economía Circular para exhibir en sus productos, el cual además evitará multas por incumplimiento.
El cumplimiento de esta nueva normativa estará bajo la supervisión de Alicia Bárcena, secretaria de la Semarnat. Aquellas empresas que no logren producciones sustentables enfrentarán sanciones administrativas bajo la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. La publicación de esta ley también marca el inicio de un mercado emergente para la consultoría y auditoría ambiental, que promete atraer a muchos nuevos interesados.
Sin embargo, este enfoque legislativo no implica consecuencias para los ciudadanos que no se deshacen adecuadamente de sus residuos, como por ejemplo, cuando tiran aceite usado a las alcantarillas. A los consumidores se les invita a adoptar prácticas de consumo responsable y aprovechar al máximo los materiales, pero no habrá castigos directos por no seguir estas recomendaciones.
Las medidas buscan, en última instancia, reducir la generación de desperdicios y fomentar una cultura de responsabilidad ambiental. En este contexto, México no es pionero en la economía circular; Colombia, por ejemplo, ha estado trabajando en esto desde 2019 con su Estrategia Nacional de Economía Circular, lo que ha influido en la adopción de políticas sobre productos de plástico de un solo uso.
A medida que las empresas se preparan para adaptarse a este nuevo marco legal, el interés por prácticas sostenibles puede revitalizar la agenda ESG (Ambiente, Sociedad y Gobernanza), la cual había perdido impulso tras otros cambios políticos.
Para aquellos que buscan soluciones prácticas, conceptos simples como marcar el camino hasta el bote de basura con huellas verdes pueden resultar efectivos según el enfoque del libro “Nudge” de Richard Thaler. A fin de cuentas, estas medidas pueden contribuir a una transformación cultural que permita a los ciudadanos y empresas de México avanzar hacia un futuro más sostenible, cuidando del medio ambiente y reduciendo la problemática de los desechos en la vida cotidiana.
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