Los restos de Matilde de la Torre, reconocida escritora, periodista y pionera en la política española como una de las primeras diputadas de la Segunda República, fueron exhumados el 6 de marzo de 2026 en el Panteón Español de Ciudad de México. Este acto simbólico representa el primer paso para cumplir su deseo, reflejado en su testamento, de regresar a su tierra natal, Cabezón de la Sal, después de ochenta años desde su muerte en el exilio. Este traslado se erige como un cierre emocionante de una historia marcada por la represión y la dictadura que forzó a Matilde a abandonar su hogar.
La iniciativa fue impulsada por el Grupo de Danzas Virgen del Campo, fundado en 1924 por Matilde junto con la Coral Voces Cántabras. Desde hace años, este colectivo ha estado trabajando para hacer realidad el sueño de llevar sus restos de regreso a Cantabria. Gabriel Morante, director del grupo, destacó que este momento es el resultado de décadas de dedicación: “Es el día de nuestra vida, porque llevamos 80 años luchando por ello”. Las gestiones para esta exhumación se materializaron tras años de trabajo conjunto entre diversas asociaciones e instituciones.
Ya el año anterior, miembros del grupo se habían desplazado a México para rendir homenaje a Matilde en su tumba, prometiendo regresar a recogerla. Después de esa visita, iniciaron las gestiones necesarias, enfrentándose a la burocracia y valorando la colaboración de entidades como la Asociación Montañesa de México, la Junta Española de Covadonga, así como de la Embajada y el Consulado de España.
Durante la emotiva ceremonia, gaitas acompañaron el recorrido, mientras instituciones de España, representadas por figuras como Paz de la Cuesta, presidenta de la Asociación Matilde de la Torre, y Pedro Casares, delegado del Gobierno en Cantabria, estuvieron presentes. A su llegada a la tumba, los asistentes colocaron banderas de Cabezón de la Sal y de Cantabria, mientras los operarios del panteón removían los últimos vestigios que cubrían la sepultura.
Matilde de la Torre nació en 1884 y dedicó su vida a promover la cultura, la educación y los derechos de las mujeres en una época de limitaciones significativas. Fue capaz de convertirse en una figura influyente, escribiendo, educando y participando activamente en la vida política de su país. Su legado se extiende a través de su trabajo cultural, incluidos sus esfuerzos por recuperar el folclore cántabro y su fundación de la Academia Torre, donde propició la formación equitativa de mujeres y hombres.
Después de afiliarse al Partido Socialista, fue elegida diputada en 1931, desempeñándo un papel clave como directora de Política Arancelaria durante el gobierno de Largo Caballero. Sin embargo, su compromiso con la democracia la llevó al exilio tras la Guerra Civil en 1939, encontrando refugio en México, donde vivió hasta 1945.
El acto de exhumación no solo rescata la memoria de Matilde, sino que también tiene un profundo significado político y moral. Para Casares, es un recordatorio de la acogida que México brindó a tantos españoles durante la represión franquista. Este evento también subraya una “deuda histórica” que la sociedad española debe a quienes sufrieron por mano del autoritarismo, invitando a la reflexión sobre los actuales desafíos migratorios.
tras horas de espera y emotivas palabras, los restos de Matilde y su hermano Carlos fueron sellados en urnas, momentos que provocaron lágrimas de alegría entre los asistentes. Esta escena culminó en el cumplimiento de un deseo largamente anhelado, marcando el fin de una lucha que se perseveró por generaciones y la celebración de una vida dedicada a la democracia y la cultura.
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