La obsolescencia programada es un fenómeno que despierta cada vez más inquietudes en la era digital. Aunque comúnmente se asocia con el impacto ambiental y el consumismo, hay otra dimensión preocupante que merece atención: la seguridad digital. Cuando un dispositivo se vuelve obsoleto y deja de recibir actualizaciones, se convierte en un blanco fácil para los cibercriminales, poniendo en riesgo información sensible, especialmente financiera.
Las empresas tecnológicas han comprendido que su modelo de negocio se basa en generar compras recurrentes. La obsolescencia programada surgen como una estrategia deliberada que limita la vida útil de sus productos, de acuerdo con Karyme Gómez, ingeniera en tecnologías de la información. La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) detalla que esto implica un conjunto de acciones destinadas a que los productos dejen de funcionar tras un período determinado. Este fenómeno se ha vuelto común en sectores como el tecnológico, electrodomésticos y automotriz, donde la constante “innovación” se presenta más como una forma de asegurar ingresos que como un verdadero avance para el consumidor.
La Revista del Consumidor señala cinco tipos de obsolescencia: física, estética, funcional, indirecta y percibida. Las más peligrosas en términos de seguridad son la funcional e indirecta, ya que la falta de actualizaciones puede hacer que un dispositivo se vuelva vulnerable a virus y ciberataques. Gómez enfatiza que los dispositivos que operan sin actualizaciones son como casas sin puertas; siguen en pie, pero están expuestos a intrusos.
Cuando un celular o computadora pierde soporte, también pierde su protección ante virus informáticos, lo que representa un grave riesgo para los usuarios que manejan información bancaria. Según el Microsoft Digital Defense Report 2025, México se encuentra entre los países más atacados en la región de América Latina, con fraudes, robo de credenciales y ransomware como amenazas prevalentes.
Los ingenieros advierten que los dispositivos móviles son especialmente susceptibles, al ser herramientas comunes para operar cuentas bancarias. Los riesgos incluyen el robo de credenciales a través de malware y fraudes en transferencias electrónicas, muchas veces sin que el usuario se dé cuenta de inmediato. En estos casos, suele ser recomendable cambiar el dispositivo antes de que deje de recibir actualizaciones críticas de seguridad.
Para mitigar estos riesgos, se aconseja a los usuarios actualizar sus sistemas operativos y aplicaciones bancarias, evitar acceder a cuentas desde dispositivos obsoletos y activar la autenticación de múltiples factores. También es vital usar redes seguras y evitar conexiones WiFi públicas durante transacciones importantes.
Una alternativa a este dilema es optar por dispositivos modulares, que permiten reemplazar componentes individuales en lugar de todo el equipo. Aunque la idea es ecológica, a menudo puede resultar más costosa y afectar el desempeño del dispositivo.
En un mundo donde los ataques cibernéticos son cada vez más comunes, cuidar la seguridad de la información personal debe ser una prioridad. Entender la obsolescencia programada y sus implicaciones es clave para protegerse en este entorno digital tan complejo.
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