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Ubicado en Gualta, un pequeño pueblo del Baix Empordà (Girona), el pajar tenía de partida una localización y una estructura inmejorables para convertirlo en vivienda. Su enorme altura permitía sacar dos niveles y crear espacios abiertos. Sin embargo, sus propietarios, Lluís Morillas (Barcelona, 67 años) y Gloria Montasell (Campins, 54 años), tomaron el camino menos obvio. Conocían el trabajo del arquitecto Lluís Jubert, que con uno de sus primeros proyectos había sido galardonado con un premio FAD por una vivienda en la cercana Púbol, en la que había construido de manera subterránea generando un patio que proporcionaba privacidad y protección frente a la Tramontana. Este aislamiento era el que buscaba la pareja, solo que en sus motivaciones estaba más bien la idea de que ese nivel bajo tierra funcionara como un espacio de recogimiento. Como un templo. Un lugar en el que desconectar y, al mismo tiempo, conectar con uno mismo. En esa parte de la vivienda ubicarían los dormitorios.
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