La necesidad de combatir el cambio climático ha cobrado una urgencia sin precedentes. Reducir las emisiones de CO2 es esencial, pero, aún más crítico, es la captura de este gas en la atmósfera. Proyectos forestales, donde los árboles desempeñan un papel fundamental al absorber CO2, se presentan como una solución viable. Sin embargo, el reciente retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París ha planteado interrogantes sobre la efectividad de los mercados de carbono, que podrían convertirse en herramientas clave en este contexto.
Para que un mercado de carbono funcione correctamente, se requieren instituciones sólidas de gobernanza climática, así como regulación técnica y financiera apropiada. Lamentablemente, los mercados de carbono actuales enfrentan serias falencias. Los créditos de carbono, que se generan a partir de proyectos forestales, se diferencian significativamente de otros mercados de mercancías. Estos créditos carecen de liquidez y homogeneidad, lo que dificultan su cotización y valuación. No existen precios observables ni un mercado secundario, lo que impide que estos títulos sean considerados activos contables seguros.
Además, los problemas legales y de gobernanza en torno a la propiedad del carbono almacenado en los bosques son preocupantes. La falta de claridad sobre quién posee el carbono y la ausencia de mecanismos de monitoreo permanentemente han debilitado la confianza en estos créditos. ¿Qué sucede si un incendio o una plaga revierte la captura de carbono? La respuesta es prácticamente nula, dejando a los compradores de créditos sin posibilidad de compensación.
Otro gran reto para los proyectos de captura de carbono radica en la dificultad de probar la adicionalidad, es decir, demostrar que la captura no habría ocurrido sin el proyecto. Asimismo, la cuestión de las “fugas”, o la posibilidad de que las emisiones se trasladen a otro lugar, sigue siendo una incógnita.
Ante estas deficiencias, la idea de “arrendar carbono” ha surgido como una solución innovadora. Según Mark Roston de la Universidad de Stanford, esta modalidad permitiría a las empresas actuar como arrendatarias y a los desarrolladores del proyecto o propietarios de la tierra como arrendadores. Este cambio no solo abordaría los problemas de permanencia y monitoreo, sino que transformaría los créditos de carbono en activos contables que podrían ser transferidos en el mercado, fomentando una mayor transparencia y confianza.
La creación de un mercado de carbono efectivo requerirá una nueva arquitectura institucional multilateral. Luchar contra el calentamiento global demanda mercados que ofrezcan un enfoque más estandarizado y fiable. Solo así se podrá asegurar que la captura de carbono contribuya efectivamente a la mitigación del cambio climático y a un futuro más sostenible.
Es imperativo actuar con rapidez y determinación. La lucha contra el calentamiento del planeta no puede esperar y, al reinventar el mercado de carbono, se abre la puerta a nuevas oportunidades para la conservación y la sostenibilidad.
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