Las franquicias más exitosas del mundo no surgieron de la nada; su crecimiento fue el resultado de procesos meticulosos, estandarización y un modelo de negocio diseñado para ser replicado. Identificar el momento preciso para dar el salto hacia el modelo de franquicia es crucial para evitar riesgos innecesarios. Esto subraya la importancia de desarrollar un sistema de franquicia profesional, que no solo implica visión de futuro, sino también una constante atención a las necesidades del mercado.
Según Eric Johnson, director global de programas de franquicias del departamento de comercio de Estados Unidos, el éxito de un franquiciante se refleja en la creación de manuales operativos confiables, los cuales son parte fundamental de la propuesta de valor. Este enfoque es respaldado por “La biblia de las franquicias”, que enfatiza que un empresario que desea franquiciar debe tener un conocimiento profundo del negocio, así como de los marcos legales y económicos necesarios, todo con el fin de evitar el fracaso del modelo.
Convertir un negocio en franquicia no es una decisión impulsiva; es un proceso que exige inversión, asesoría especializada y una estructura clara. Existen cuatro etapas clave para crear un sistema de franquicia efectivo.
La primera etapa es el modelamiento estratégico y económico. Aquí se definen los valores y principios de gestión, y se realiza un diagnóstico de la operación empresarial para identificar fortalezas y debilidades. En esta fase, se establecen las regalías, que suelen variar entre el 4% y el 7%, además de definir la cuota de publicidad, la inversión inicial por franquiciado y la recuperación de la inversión. También es esencial llevar a cabo un análisis externo que incluya un estudio del mercado y de la competencia, así como la identificación de los beneficios que buscan los consumidores.
La segunda etapa se centra en el desarrollo de manuales operacionales. Estos documentos son críticos, ya que recogen los procesos, políticas y lineamientos que regirán la franquicia. Para comenzar con esta tarea, es recomendable revisar el organigrama de la empresa y estructurar el manual en consecuencia; además, la estética debe ser funcional sin sacrificar la rentabilidad.
La tercera etapa implica la estructuración del marco legal. Esta fase es clave para asegurar que los franquiciatarios mantengan relaciones laborales adecuadas, respetando los manuales de operación y evitando el uso indebido de la marca. La carta de intención de franquicia emerge como una herramienta esencial, que proporciona transparencia y agilidad durante el proceso de compra.
Finalmente, la cuarta etapa se dedica a la definición del plan de expansión. Aquí se establece una ruta para el crecimiento, tanto a nivel nacional como internacional. Es fundamental determinar el perfil de franquiciatario deseado y los mercados clave que se quieren explorar, refinando así la estrategia de expansión.
Antes de determinar si un negocio es candidato a convertirse en franquicia, es esencial contar con bases sólidas, procesos estructurados y una cultura organizacional robusta. Solo así se podrá asegurar una transición exitosa hacia este modelo, que puede significar una gran oportunidad de crecimiento tanto para el franquiciante como para los franquiciatarios.
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