El Caribe vive un momento vibrante en su historia reciente. La recuperación del turismo internacional tras la pandemia ha catapultado a la región a niveles de ocupación hotelera que, en muchos destinos, superan los de antes de la crisis. Países como República Dominicana, Jamaica y Curazao han intensificado su promoción internacional, participando activamente en ferias y foros especializados en turismo.
Las islas caribeñas se han convertido en un imán de experiencias únicas, ofreciendo desde hoteles todo incluido hasta cruceros, parques temáticos, y una propuesta gastronómica multicultural que va en aumento. Sin embargo, este crecimiento plantea un reto crucial para hoteles y operadores turísticos: asegurar un suministro constante de productos de alta calidad a lo largo del año. Esto implica una necesidad de trazabilidad, calidad, sabor y servicio de excelencia.
En este panorama, México se firma como un proveedor estratégico. La proximidad geográfica de México, ubicada a aproximadamente cinco días de navegación de los principales puertos del Caribe, contrasta con los más de 22 días que tardan muchos otros proveedores, salvo Estados Unidos, que también tiene rutas directas.
No solo en alimentos y bebidas, México posee la capacidad de abastecer una diversidad de productos que la industria turística del Caribe demanda, como textiles, mobiliario y maquinaria especializada. Este potencial de negocio es significativo; sin embargo, se enfrenta a limitaciones estructurales. La ausencia de un acuerdo comercial con la región significa que los productos mexicanos deben pagar un arancel promedio del 20%, un escoyo que aún no disuade a muchos compradores que siguen eligiendo proveedores mexicanos ante la escasez de alternativas confiables.
Las exportaciones mexicanas hacia el Caribe apenas alcanzan los 650,215 dólares, situando a nuestro país en la décima posición como socio comercial en la región, un reflejo distante de nuestra cercanía y capacidad productiva. Esto representa una oportunidad histórica para México. La conjunción de la cercanía geográfica, la afinidad cultural y la reputación gastronómica posicionan al país estratégicamente para convertirse en un proveedor clave en sectores críticos como alimentos, bebidas y soluciones para el entretenimiento.
Desde el COMCE, se trabaja activamente para acercar la gastronomía mexicana a los hoteles y operadores turísticos del Caribe. Productos como salsas, tortillas y otros ingredientes tradicionales son muy demandados, claves para ofrecer platillos auténticos que son altamente valorados a nivel internacional.
Además, es esencial establecer protocolos sanitarios específicos en cada isla, principalmente para los alimentos preparados. En este sentido, el COMCE está gestionando la apertura de protocolos en República Dominicana y Jamaica, para facilitar la exportación directa de productos frescos y preparados de origen mexicano.
De cara a 2026, el COMCE tiene un plan enfocado en diversificar mercados hacia el Caribe, abarcando desde el abastecimiento a hoteles y resorts hasta la atención a la creciente demanda de cruceros y restaurantes.
La meta es clara: convertir al Caribe en un mercado natural para el sector agroalimentario mexicano, con modelos de exportación eficientes que cumplan con requerimientos sanitarios y logísticos, ofreciendo soluciones que se alineen con las necesidades reales del mercado.
El Caribe ha dejado de ser un simple nicho; es un mercado estratégico que ofrece amplias oportunidades para que las empresas mexicanas se adentren en proyectos en desarrollo y fortalezcan su presencia en la región. Con el respaldo institucional del COMCE, México tiene el talento, los productos y la experiencia necesarios para capitalizar sobre esta oportunidad.
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