Desde 2015, la construcción de un Registro Nacional de Cáncer (RNC) en México ha sido un objetivo clave en la lucha contra esta enfermedad. Establecido en la Ley General de Salud desde 2017, este ambicioso proyecto recibió asignaciones anuales de presupuesto. Sin embargo, su progreso se ha visto truncado, y en 2022, el esfuerzo se detuvo, dejando a muchos pacientes sin la información necesaria para un tratamiento adecuado.
La urgencia de retomar este Registro es innegable. Alma Ortiz, representante de la Asociación Mexicana contra el Cáncer (ALCC), enfatiza que no se trata meramente de implementar un plan nacional, sino de contar con datos precisos que sirvan de base. La idea es que, sin un RNC consolidado, cualquier estrategia corre el riesgo de convertirse en un documento lleno de buenas intenciones, incapaz de responder a las necesidades reales de los pacientes. ¿Cómo se puede garantizar acceso a tratamientos adecuados si se ignora cuántos pacientes existen y en qué estado están? Sin esta información crítica, las decisiones, como las compras de medicamentos, se basan en suposiciones y no en la realidad.
El llamado es claro: se necesita la creación de un “Cáncer Hub”, una plataforma interinstitucional que integre a todas las partes del sistema de salud. Esto incluiría a la Secretaría de Salud, IMSS, ISSSTE, entre otros. La colaboración entre instituciones, la sociedad civil y el sector privado es esencial para abordar esta problemática. Se identificaron tres ejes estratégicos: la integración tecnológica, la cultura del dato entre los profesionales médicos y la sostenibilidad financiera, todo bajo un marco de cooperación real.
Un obstáculo persistente es el presupuesto. A pesar de que entre 2019 y 2021 se asignaron fondos específicamente para el RNC —un total de 102 millones de pesos—, no está claro en qué se utilizaron esos recursos. Es vital que el financiamiento para el registro sea no solo etiquetado y trazable, sino también auditable, asegurando que no se repita el patrón de la falta de transparencia.
Aunque la ley que sustenta este registro existe desde hace casi una década, su implementación sigue siendo un desafío. La normativa detalla qué datos deben incluirse y quiénes son responsables de su gestión. Esta obligación legal, aún inconclusa, reclama atención inmediata.
El momento de actuar es ahora. La creación de un Registro Nacional de Cáncer no es solo una formalidad; es una necesidad crítica que podría transformar la atención del cáncer en México. Con un registro funcional, es posible construir un plan nacional sólido que no solo prometa, sino que entregue soluciones auténticas y efectivas para quienes enfrentan esta dura enfermedad.
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