Cuando una mujer se propone alcanzar una gerencia en el mundo laboral, se enfrenta a un complicado panorama marcado por el fenómeno conocido como el techo de cristal. Esta barrera invisiblemente instalada a menudo limita el acceso de las mujeres a posiciones directivas, no por falta de capacidades, sino debido a arraigados prejuicios de género que persisten en muchas organizaciones.
El reto de superar el techo de cristal no significa que las dificultades se disipan; al contrario, una vez que se rompe, las expectativas parecen aumentar y la presión en el entorno profesional puede intensificarse. Un ejemplo notable es el de Lili Domínguez, quien se convirtió en jefa de sucursal en una empresa del sector eléctrico a la joven edad de 23 años. En su trayectoria, Lili se vio obligada a enfrentar el escepticismo relacionado con su edad y género. Recordando su experiencia, mencionó cómo a menudo debía demostrar su capacidad ante un equipo de hombres que la miraban con incredulidad, planteándose preguntas del tipo: “¿Qué hace aquí una mujer joven?”. A pesar de estas adversidades, Lili perseveró y logró establecerse en su puesto, un testimonio de la resiliencia necesaria para desmantelar estas barreras.
Sin embargo, los prejuicios no desaparecen fácilmente en espacios de liderazgo. Natalia Campos, coordinadora de sociedad en el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), realizó una investigación en la que entrevistó a mujeres aspirantes a consejos de administración. Los resultados revelaron que muchas de ellas se sentían consideradas como incómodas en esos espacios, lo que indica que, aunque existen avances, las brechas de género siguen siendo significativas.
Superar el techo de cristal no es el final del camino; por el contrario, las mujeres que logran ascender deben estar preparadas para enfrentar nuevos retos. Expertas en el tema han compartido consejos prácticos para evitar caer en el autosaboteo y los prejuicios que a menudo afectan a las mujeres en posiciones de liderazgo.
Primero, es clave apoyarse en la tecnología. En un entorno laboral cada vez más digital, la capacitación en el uso de herramientas tecnológicas e inteligencia artificial es fundamental, sin importar el sector en el que se desarrolle la carrera de una mujer. Además, es primordial perder el miedo a pedir ayuda, financiamiento o proyectos, dado que la asertividad puede abrir puertas en momentos decisivos.
Asimismo, fomentar la valentía es crucial. La percepción cultural que rodea a las mujeres en posiciones de riesgo a menudo se traduce en un estigma: cuando un hombre toma riesgos, es visto como un visionario; si una mujer lo hace, puede ser considerada inadecuada. Por ello, alzar la voz y expresar inconformidades se vuelve vital para contrarrestar estas percepciones.
La toma de decisiones es otro aspecto clave. Al enfrentarse a la incertidumbre en roles nuevos, las mujeres deben recordar que resiliencia y firmeza son esenciales para avanzar hacia sus metas a largo plazo. Además, es importante evitar la sobreexigencia, especialmente para aquellas que balancean roles de liderazgo con la maternidad; el bienestar personal no debe ser sacrificado por la búsqueda de la perfección.
Este conjunto de estrategias no solo contribuye a la superación profesional, sino que también refuerza la idea de que el valor que las mujeres aportan al ámbito laboral es irrefutable. En tiempos donde la equidad de género se convierte en un tema central, es indispensable seguir rompiendo techos de cristal, promoviendo ambientes inclusivos y empoderando a las futuras líderes.
Los desafíos son innegables, pero la historia de Lili Domínguez y otras mujeres valientes que han cruzado esa barrera demuestran que, aunque el camino es complejo, cada paso hacia adelante es también un paso hacia una cultura laboral más equitativa y justa.
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