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Las consultas interpartidistas celebradas este domingo en Colombia han disparado a la senadora Paloma Valencia, la candidata del expresidente Álvaro Uribe, como aspirante en la carrera presidencial. Su victoria en el bloque del centroderecha con más de tres millones de votos amenaza el liderazgo del ultraderechista Abelardo de la Espriella para sacar a la izquierda del poder. “Agradezco al presidente Uribe”, dijo ante la multitud que la aclamaba en la sede del partido. Mientras Valencia contaba tarjetones de mil en mil, las consultas de la izquierda y el centro —en las que vencieron Roy Barreras y Claudia López— han quedado descafeinadas con una participación raquítica que apenas superó el millón de votos.
Los resultados cambian el guion de una campaña, que se reactivará este lunes con nuevas estrategias. El centroderecha gana impulso y abre el partido en un flanco hasta ahora liderado por el ultra de Barranquilla. Y el sorpresivo éxito del economista Juan Daniel Oviedo, que ha condenado el genocidio en Gaza y evita la crítica furibunda contra Gustavo Petro, abre una puerta a que la derecha tradicional busque el centro, que acaba decidiendo la elección.
En la izquierda, Roy se estrella con poco más de 200.000 votos y culpa a Petro del batacazo por haber desincentivado que los colombianos votasen en su consulta. Pero el progresismo llega a la primera vuelta del 31 de mayo, liderando la mayor bancada en el Senado y menos dividido de lo esperado. Sus votantes han dejado claro que quien debe representarlos es Iván Cepeda, líder en los sondeos, pero con un techo claro. Atrás queda el sueño de Roy de disputarle protagonismo al senador e incluso imponerle condiciones si lograba los tres millones de votos a los que aspiraba. “Ganó el boicot de Petro”, señalan en su equipo. “Roy va a primera vuelta en nombre del cambio”.
El centro, mientras tanto, sale disminuido, con una participación que ha superado ligeramente el medio millón de votos. Su supervivencia dependerá de que el exalcalde de Medellín, Sergio Fajardo, remonte la caída que ha sufrido en las últimas encuestas. La debilidad del centro vuelve a plantear una pregunta que se repite en cada elección: si existe realmente un espacio político viable entre la izquierda y la derecha. Fajardo ha intentado durante años construir ese camino sin mucho éxito, y las cifras de la consulta sugieren que ese electorado acaba inclinándose por alguno de los dos polos que dominan la política en Colombia y en el resto del mundo.
El resultado de Valencia altera el tablero. Su resultado —con más de tres millones de votos de un total de casi seis — rompe el escenario que favorecía al ultra Abelardo de la Espriella como único referente fuerte de la oposición al Gobierno. Para el uribismo, que venía de varias derrotas y de un desgaste evidente tras el Gobierno de Iván Duque, la votación supone una demostración de fuerza que no estaba garantizada al inicio de la campaña.
Hace tan solo un par de semanas, de hecho, estos resultados de Valencia eran apenas una ensoñación de sus estrategas. Su equipo hacía proyecciones optimistas y se cumplieron todas: Valencia superó los tres millones de votos de la consulta de octubre en la que Cepeda salió elegido, desbancó de largo los números de las consultas de izquierda y ella sola casi alcanza los cuatro millones de la consulta de derecha de hace cuatro años. Los 5,5 millones logrados por todos los participantes de la consulta la catapultarían, según sus colaboradores, en una segunda vuelta. La primera mujer colombiana en lograrlo.
La derecha que mira al centro
La segunda sorpresa de la jornada, el inesperado éxito de Oviedo, que ha quedado segundo detrás de Valencia con más de un millón de votos, ha abierto aún más la partida. Su empuje de última hora, curiosamente, ha sido gracias a un enemigo político: De la Espriella. El ultra se había burlado de él imitando su voz aguda y sus formas, lo que provocó cadena de mensajes de apoyo contra lo homofóbico del comentario y un repunte sorpresivo de la popularidad del economista.
Sus resultados —que han superado las expectativas de su arranque de campaña— revelan un cambio del electorado de la derecha. Su discurso, centrado en un discurso más técnico y menos ideológico, ha atraído a votantes urbanos que desconfían tanto del petrismo como de la retórica de la oposición más agresiva. Ese espacio —difuso pero decisivo— suele inclinar las elecciones presidenciales en Colombia. Está por ver cómo Valencia decide aprovecharlo. Un viraje al centro puede ayudarle a vencer a De la Espriella, aunque arriesgue el apoyo del ala más dura de la derecha.
Un golpe a De la Espriella
El despegue de estas nuevas candidaturas como la de Valencia y Oviedo complica, en definitiva, el escenario que más convenía a los tres favoritos de las encuestas: el duelo directo entre Cepeda y De la Espriella no solo les daba ventaja a ambos, sino que servía de lema de campaña a Fajardo, que lo apostó todo a huir de los extremos.
Pero ya no está tan claro que sean los dos candidatos de los extremos los que lleguen a la segunda vuelta, lo que obligará a reformular estrategias. Quizá el más perjudicado es De la Espriella. El penalista ha comprobado este domingo la movilización de la maquinaria uribista; su partido, Salvación Nacional, a duras penas ha pasado el umbral del Senado; y ya no tiene tan fácil vender que es el único capaz de concentrar el voto antipetrista. Ahora la derecha se ve obligada a resolver primero su propia competencia interna antes de enfrentarse al Gobierno en las urnas.
Ese reordenamiento puede cambiar también el tono de la campaña. Mientras De la Espriella ha construido su popularidad con un discurso de confrontación permanente contra Petro, Valencia representa una versión más clásica de la derecha colombiana, más ligada al aparato del uribismo y a sus estructuras regionales. La disputa entre ambos marcará probablemente buena parte del debate opositor en los próximos meses: De la Espriella intentará mantener su capital, mientras Valencia intentará recoger los votos de todos aquellos que rechazan a la izquierda de Petro, pero no votarían por un candidato que se crece en la radicalidad.
La campaña que recomienza este lunes se parece menos a la que existía hace apenas unos días. Cepeda sigue siendo el favorito, pero la oposición ya no tiene un solo aspirante y llega con fuerza para enfrentarlo. Valencia ha demostrado que el uribismo —en horas bajas— conserva estructura y votos para competir. A casi tres meses del 31 de mayo, y en una elección que se decida en dos vueltas, la carrera hacia la Casa de Nariño vuelve a quedar completamente abierta.
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