Desde el Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), un grupo de científicos ha marcado un hito al convertirse en la primera expedición oficial mexicana en viajar a la Antártida. Este viaje, emprendido a finales de noviembre, fue posible gracias al respaldo del Centro Nacional de Ciencia Antártica de Ucrania (NASC). El equipo, compuesto por el doctor Rafael López y las doctoras Daisy Valera, Elsa Arellano y Laura Almaraz, se aventuró al Polo Sur con el objetivo de realizar investigaciones científicas en un entorno altamente inhóspito.
Los integrantes del grupo, aún viviendo la emoción de su travesía, recordaron la rapidez con la que se organizó todo el proceso. Desde la presentación de los proyectos en agosto, la confirmación en octubre y la salida a finales de noviembre, cada paso estuvo marcado por una intensa preparación para enfrentar los retos de la Antártida. “No es trivial. No es ir a hacer campo a Xochimilco”, bromeó Valera, destacando las particularidades del entorno antártico.
La expedición comenzó con la travesía en un buque rompehielos español, que llevó a los científicos desde Chile hasta Vernadski, una base ucraniana. Cruzar el estrecho de Drake, conocido por sus imponentes tormentas, preparó a los científicos para las adversidades del viaje. “Una vez que estás en Punta Arenas, todo es lindo, pero cuando sales del estrecho de Magallanes y pasas el estrecho de Drake, es donde en realidad te das cuenta de que la vida continental acabó”, remarcó López.
Después de cinco días de navegación en condiciones difíciles, el equipo llegó a la base de Vernadski y se dividió para comenzar sus proyectos de investigación. Arellano y Almaraz se embarcaron nuevamente en la nave ucraniana, mientras que López y Valera desembarcaron para concentrarse en su estudio geológico.
La investigación de Arellano se centra en los sedimentos marinos, que sirven como un “archivo paleoclimático” esencial para comprender los cambios ambientales a través del tiempo. Cada estrato de sedimento añade una capa de información sobre las condiciones de la época en que se depositó. Para recolectar esas muestras, usaron un multinucleador, una herramienta que permite obtener sedimentos del fondo marino, esencial para sus análisis posteriores.
Por otro lado, López y Valera estudiaron rocas del Jurásico para reconstruir cómo era el clima en la Antártida durante ese periodo. Estas muestras permiten entender una época dominada por bosques y fauna diversa, antes de que la región se congelara. “La Antártida en esa época no era fría y existían bosques con una gran variedad de plantas y animales”, expuso López.
El trabajo del equipo apenas comienza. Actualmente, están a la espera de la liberación aduanal de las muestras para dar inicio a investigaciones que ofrecerán respuestas dentro de un año. Este proyecto no solo representa un avance científico para México, sino que también se inscribe en el contexto más amplio del Tratado Antártico, que busca proteger este continente y fomentar la investigación científica.
Con la posibilidad de que México se convierta en parte activa del Tratado Antártico, la expedición al Polo Sur es vista como una oportunidad crucial para contribuir significativamente al estudio de un entorno global y climático que está en constante cambio. Hay planes para una segunda campaña de investigación en los próximos meses, reflejando así el compromiso continuo de México con la exploración científica en esta región remota del mundo.
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