La transformación del sistema financiero en México está siendo impulsada por la irrupción de neobancos y empresas fintech, una evolución que está redefiniendo la manera en la que los mexicanos acceden a servicios financieros. En un terreno que, durante años, ha estado dominado por grandes instituciones, han surgido nuevos actores que buscan atender una necesidad latente: el acceso a un sistema financiero más inclusivo y accesible. En 2025, el sector reportó ganancias históricas que alcanzaron los 304,000 millones de pesos, y aún así, el 35% de la población carece de acceso adecuado al crédito.
Con la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, se ha enfatizado la urgencia de mejorar el acceso al crédito, en un contexto donde la economía creció menos del 1% ese año. La 89 Convención Bancaria en Cancún, marcada por las expectativas sobre los compromisos que el gobierno establecerá con el sector privado, se presenta como un momento clave para abordar esta situación. A pesar de las rentabilidades elevadas que reportan los bancos, persiste un vacío considerable en la inclusión financiera que las fintech están tratando de llenar.
Desde hace aproximadamente diez años, las empresas fintech han ganado terreno ofreciendo soluciones financieras sin el respaldo del sistema bancario tradicional. No obstante, ahora se observa una tendencia de estas empresas hacia la consolidación en la banca tradicional, prometiendo un enfoque más digital y accesible. Este cambio les permite captar depósitos y diversificar sus servicios, que van desde hipotecas hasta inversiones, algo que no podían ofrecer sin una licencia bancaria.
En la actualidad, México cuenta con 54 bancos registrados, con neobancos emergentes como Revolut, Openbank y Ualá, que ha evolucionado desde su rol de fintech a la adquisición del banco mexicano ABC Capital. Empresas como Klar y Nu también están en proceso de obtener licencias bancarias, lo que les permitirá competir de manera más equitativa con los bancos tradicionales.
Este cambio se debe en gran medida a las limitaciones que enfrentan las fintech al operar como instituciones de fondos de pago, que tienen techos regulatorios. Al convertirse en bancos, pueden ofrecer servicios de captación de depósitos y gozar de la protección que garantiza los ahorros de los clientes. Esto resulta crucial, especialmente para atraer a sectores como los jóvenes, trabajadores informales, y pequeñas empresas, que a menudo son considerados de alto riesgo por la banca convencional.
Mientras tanto, los bancos tradicionales han respondido a este desafío al establecer sus propios neobancos, como Hey Banco de Banregio y Openbank de Santander, para no perder relevancia en un mercado que está en constante evolución. Esta competencia ha llevado a una inversión significativa en tecnología para mejorar la experiencia del cliente.
Pese a un horizonte económico incierto, el sector bancario en México sigue siendo atractivo, con expectativas de crecimiento en 2026. La adaptabilidad y la innovación son más necesarias que nunca en un mercado que busca satisfacer las demandas de un público cada vez más diverso y exigente. La batalla por el cliente está lejos de terminar, y el futuro del sistema financiero mexicano promete estar lleno de desafíos y oportunidades.
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