La reciente declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la exploración de recursos no convencionales ha encendido una fuerte controversia en México. Tras su planteamiento de utilizar tecnologías menos contaminantes y consultar a las comunidades involucradas, la Alianza Mexicana contra el Fracking ha levantado la voz en una protesta vehemente. Según esta organización, la administración actual intenta “confundir al pueblo”, al mismo tiempo que orquesta una traición hacia sus promesas de campaña, al considerar el desarrollo del fracking como una opción viable para reducir las importaciones de gas desde Estados Unidos.
Desde el surgimiento de esta propuesta, la Alianza ha destacado las implicaciones ambientales del fracking, señalando que la evidencia científica sobre sus efectos negativos en el agua se ha acumulado de manera creciente a lo largo de 20 años de explotación en Estados Unidos. Este enfoque, argumentan, ha llevado a un declive natural en la producción, lo que obliga a perforar nuevos pozos a mayores profundidades, con métodos que requieren más agua, químicos y presión, lo que pone en riesgo aún más los recursos hídricos.
Bajo este contexto, la mención de un “grupo de expertos” que evaluará la factibilidad de la producción de gas no convencional mediante prácticas como el reciclaje de agua ha sido interpretada como una traición a las promesas de Sheinbaum. La Alianza sostiene que esta evaluación es una ilusión, ya que la evidencia científica subraya que el fracking conlleva riesgos graves, entre ellos, la contaminación del agua, que a menudo hace imposible su reciclaje, creando un ciclo de daño ambiental difícil de revertir.
Además, el uso de compuestos tóxicos y cancerígenos en el proceso del fracking representa una amenaza a la salud pública, especialmente para la infancia. Sustancias como el benceno y el formaldehído tienen impactos severos, que despiertan serias preocupaciones en las comunidades cercanas a los yacimientos.
La oposición al fracking no se limita a México, pues varios países como Francia, Alemania, Costa Rica y Uruguay han prohibido esta técnica por su potencial nocivo. En Estados Unidos, estados como Nueva York, California y Pennsylvania han tomado medidas similares, reflejando una creciente resistencia ante los riesgos ambientales y de salud que esta práctica acarrea.
El establecimiento de un modelo económico dependiente de los combustibles fósiles es un camino que, según la Alianza, podría resultar irreversible. A medida que el debate sobre la viabilidad del fracking se intensifica, es evidente que las decisiones tomadas hoy tendrán repercusiones duraderas en el futuro energético y ambiental de México.
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