La noche del lunes, una multitud de aficionados mexicanos congregó frente al hotel donde se hospedaba la selección ecuatoriana en Ciudad de México, generando un ruidoso festejo en vísperas del crucial encuentro entre ambas selecciones en los dieciseisavos de final del Mundial 2026. La situación se tornó tensa, con simpatizantes que buscaban hostigar a los jugadores ecuatorianos, un acto que levantó críticas y preocupaciones.
La policía local estuvo presente, confirmando la aglomeración de fanáticos que llegaron en auto, motocicleta y algunos incluso a pie. Estos seguidores portaban banderas de México y hacían sonar bocinas, cláxones y trompetas, gritando consignas como “¡Ecuador no duerme!” desde sus vehículos. Ante el ruido y la actividad, las autoridades establecieron un cerco perimetral y trabajaron para mantener el flujo de tráfico en la zona.
La Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) reaccionó de inmediato, enviando un reclamo a los organizadores del Mundial, aludiendo a “acciones extrafutbolísticas” que contradicen los principios de juego limpio, equidad y unidad que deberían prevalecer en un evento de tal magnitud. Aunque no se detalló si el reclamo estaba directamente vinculado con el incidente del hotel, la FEF expresó su temor por el ambiente hostil al que se enfrentaban sus jugadores.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, al ser consultada sobre los acontecimientos, destacó la importancia del respeto entre naciones y aficionados, incluso mientras reconocía la euforia que generan los triunfos del Tri. “Confíamos en las mexicanas y los mexicanos, que lo hagan con responsabilidad”, afirmó, subrayando la necesidad de mantener un ambiente de cordialidad durante la competencia.
Este partido es crucial y se llevará a cabo el martes a las 7:00 pm, hora del centro de México, en el emblemático estadio Azteca, donde Ecuador y México lucharán por un boleto a los octavos de final. La reunión de esta noche puede ser un presagio de la intensidad y pasión que caracterizan a este torneo, pero también una llamada de atención sobre cómo el fervor de la hinchada debe equilibrarse con el respeto y la deportividad. La atmósfera es intensa, pero las esperanzas de un juego limpio y respetuoso permanecen en la mente de muchos.
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