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El cambio de idea de dos senadores republicanos evitó este miércoles por la noche (hora de Washington) que saliera adelante en el Capitolio una ley que habría impedido al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenar nuevas acciones militares en Venezuela. La iniciativa se presentó a votación en el Capitolio después que el pasado 3 de enero el Ejército, siguiendo las órdenes de su comandante en jefe, se llevara de Caracas en una fulminante operación militar al presidente del país sudamericano, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, para juzgarlos en Nueva York por delitos de narcotráfico y terrorismo.
Josh Hawley (Misuri) y Todd Young (Indiana) habían roto la semana pasada la disciplina del Partido Republicano para unirse a la totalidad de los demócratas y a otros tres senadores conservadores y apoyar el trámite de la ley, introducida por el demócrata Tim Kaine (Virginia). La marcha atrás de Hawley y de Young, obtenida tras días de presiones de la Casa Blanca, dejó la votación en tablas (50-50) y obligó a intervenir al vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, para forzar un desempate.
La medida, conocida como Resolución sobre Poderes de Guerra, solo requería una mayoría simple, 51 votos, para quedar aprobada. De haber salido adelante, la Administración de Trump habría tenido que dirigirse primero al Congreso para recibir autorización antes de poder autorizar cualquier operación militar en territorio venezolano. La Constitución estadounidense establece que el poder ejecutivo necesita el permiso del legislativo para poder de emprender actos de guerra. Trump no recabó esa autorización en el caso del secuestro de Maduro porque considera que se trató de una operación policial; no militar.
Los senadores republicanos Lisa Murkowski (Alaska), Susan Collins (Maine) y Rand Paul (Kentucky) votaron en contra de la maniobra de sus compañeros de bancada, que, guiados por su líder, John Thune, lograron bloquear la tramitación de la ley, con el argumento de que no podía darse prioridad a esa votación porque Estados Unidos no se encuentra en este momento “en guerra” con Venezuela.
“No tenemos tropas sobre el terreno. No estamos lanzando operaciones militares allí”, había argumentado Thune por la mañana en el Capitolio.
Salvar los muebles
El líder de la mayoría conservadora salvó así los muebles, y pudo enviar a Trump un mensaje de que tiene controlado al partido en la Cámara Alta, en el que cada vez se hace más evidente el desacuerdo de algunos con las decisiones y los modos de la Casa Blanca. La fuga de cinco de sus miembros la semana pasada fue recibida por el presidente estadounidense con un mensaje airado en su red social, Truth, y con amenazas a los díscolos (“nunca jamás” deberían, escribió, “volver a ser reelegidos para ningún cargo público”). También los acusó de “perjudicar gravemente la autodefensa estadounidense y la seguridad nacional, limitando la autoridad del presidente como comandante en jefe de las fuerzas armadas”.
Inmediatamente después de la reacción de Trump, comenzaron los esfuerzos para lograr que suficientes senadores republicanos volvieran al redil con el argumento, reforzado por el secretario de Estado, Marco Rubio, de que la resolución no era necesaria “actualmente no hay fuerzas armadas estadounidenses en Venezuela”. Rubio también prometió por carta a los suyos que cualquier acción militar se hará “de acuerdo con la Constitución”. Esas garantías le parecieron suficientes a Hawley, que también recibió la presión de Trump por teléfono.
De haber seguido su curso en el Senado, la ley habría pasado a la Cámara de Representantes, donde los republicanos cuentan con una mayoría de apenas cinco diputados, de un total de 435. No tenía demasiadas opciones después de eso. No solo por esa mayoría, sino también porque Trump tendría que firmarla. Un veto a ese veto de su poder como presidente se daba por descontado.
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