La concepción del trabajo de cuidado en la sociedad actual está atravesando un momento crucial. Especialistas que participaron en el reciente Decididas Summit, un evento destinado a promover el liderazgo y el crecimiento económico de las mujeres en México y Latinoamérica, han señalado de manera contundente que la esencia del cuidado debe ser reformulada. No se trata solo de una responsabilidad femenina, sino de un compromiso colectivo que debe ser reconocido y valorado.
Diana Rodríguez Franco, asesora Especial en Género y Diversidad para el Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, enfatizó la necesidad de transformar nuestra visión sobre el cuidado. Tradicionalmente visto como una tarea interna, la realidad es que los cuidados son fundamentales para el tejido social y deben ser tratados como una responsabilidad compartida. Este enfoque no solo promueve una distribución más equitativa de la carga de cuidado, sino que también contribuye al bienestar general de la sociedad.
Rodríguez Franco también destacó que, a pesar del auge de la inteligencia artificial y la automatización, existen trabajos que no pueden ser reemplazados, siendo el cuidado uno de ellos. En un contexto donde se debate constantemente sobre los empleos que desaparecerán, es crucial reconocer y dar valor a aquello que es irreemplazable. Las habilidades blandas, como la empatía y la capacidad de adaptación, son, según ella, competencias esenciales para el presente y futuro laboral. “Si aprovechamos este momento, podemos mostrar que el trabajo de cuidado no es reemplazable”, sostuvo.
En esta misma línea, Alexandra Haas, directora de OXFAM en México, complementó el argumento al afirmar que los cuidados reflejan nuestra perspectiva sobre el mundo. La transición de un enfoque individual a uno colectivo no solo es deseable, sino necesaria, y debe ser considerada un bien público. Las cifras son contundentes: los hombres con mejores recursos dedican aproximadamente tres horas al día a actividades de cuidado, mientras que las mujeres en condiciones de menor ingreso reportan más de once horas. Esto resalta la urgencia de transformar la lógica del cuidado, donde cada miembro de la sociedad, independientemente de su género, asume un rol activo.
El cambio pasa por la inclusión de diversas voces y experiencias. Para avanzar, se requieren políticas públicas que reconozcan la pluralidad de situaciones que enfrentan las mujeres, así como un replanteamiento de la paternidad, donde el cuidado de los hijos sea compartido. Además, es fundamental integrar a personas adultas mayores y aquellas con discapacidades en la vida social y económica, ya que su exclusión suele cargar desproporcionadamente la responsabilidad en las mujeres.
A medida que se debaten estos temas, se vuelve evidente que la transformación debe involucrar a un espectro amplio de actores sociales: el Estado, las empresas, las comunidades y las familias son esenciales para construir un modelo de cuidado equitativo. Es imperativo que todas estas partes colaboren para redistribuir las tareas de cuidado y así reducir las brechas de género en ingresos y oportunidades.
Finalmente, se ha subrayado que cualquier infraestructura o política de cuidado debe contemplar las realidades diversas de las mujeres en informacion.center. Las narrativas deben ser matizadas, evitando la idea de que todas las mujeres experimentan la maternidad y los cuidados de la misma forma. Este tipo de conciencia es esencial para formular políticas efectivas que vayan más allá de los estereotipos y que realmente respondan a la complejidad de la vida de las mujeres.
Con la inversión pública adecuada y una visión integral, el reconocimiento del valor del trabajo de cuidado podría convertirse en un motor de desarrollo. Es momento de que la sociedad reoriente su visión hacia el cuidado, asegurando que la carga no recaiga de manera desmedida en un solo grupo y convirtiéndolo en una responsabilidad compartida que impulse la igualdad y el bienestar para todos.
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