Limitaciones para registrar terremotos de gran magnitud en Costa Rica debido a fallas geológicas insuficientes
Según Marino Protti, sismólogo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), una falla de 200 kilómetros de largo y entre 50 y 60 kilómetros de ancho sería necesaria para producir un sismo de magnitud 8.0, Marino Protti

El territorio costarricense enfrenta limitaciones para registrar terremotos de gran magnitud debido a la falta de fallas geológicas suficientemente grandes. Según Marino Protti, sismólogo del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori), una falla que alcance 200 kilómetros de largo y entre 50 y 60 kilómetros de ancho sería necesaria para producir un sismo de magnitud 8.0.
Aunque se han identificado algunas estructuras de menor tamaño en regiones como Guanacaste, el Pacífico Sur y el Caribe Sur, ninguna alcanza las dimensiones requeridas. Por ejemplo, la falla más grande se encuentra bajo la península de Nicoya.
Las fallas ubicadas en el interior del país tienen una capacidad menor para generar terremotos intensos debido a su longitud y ancho reducidos. En el Valle Central y Cartago, muchas de estas estructuras miden entre cinco y 10 kilómetros, aunque algunas llegan hasta los 15 kilómetros.
La magnitud del terremoto no es el único factor que determina su impacto en las comunidades cercanas. Un sismo de menor escala puede causar daños significativos si ocurre a poca profundidad y cerca de áreas urbanizadas. La distancia entre la falla y las ciudades, así como las características del terreno y la resistencia de los edificios, también juegan un papel crucial en el impacto final del movimiento.
Las fallas pequeñas pueden producir sismos superficiales, lo que aumenta su efecto en áreas pobladas. Esto significa que incluso si el evento no alcanza la magnitud de los terremotos asociados a las grandes zonas de subducción, puede causar daños significativos en las comunidades cercanas.
La península de Osa es una región particularmente vulnerable debido a la acumulación de esfuerzos bajo su superficie. Esto ha llevado a que los especialistas la vigilen de cerca, como se refirió el terremoto que ocurrió en marzo de 1990 en la entrada del golfo de Nicoya.
El Ovsicori utiliza estaciones satelitales para vigilar los movimientos de distintas zonas del país, lo que permite detectar sectores potencialmente peligrosos.
Las mediciones geodésicas permiten modelar el área que podría romperse y estimar la magnitud que tendría un eventual terremoto, pero aún no se puede determinar la fecha de ese evento.
Aunque los expertos consideran que el sector está preparado para liberar la energía acumulada, no pueden anticipar con precisión el día ni la hora en que se producirá un terremoto.
La magnitud de un terremoto es solo uno de los factores que influyen en las consecuencias de un sismo. La energía liberada durante el evento también depende de la profundidad del foco y la cercanía con poblaciones.
Las prácticas de construcción en Costa Rica son otro factor importante a considerar. Los edificios diseñados para resistir movimientos sísmicos pueden reducir los daños, pero las estructuras vulnerables aumentan el riesgo para quienes viven o trabajan en ellas.
El monitoreo de fallas y zonas con energía acumulada permite identificar áreas que requieren mayor atención, aunque no se puede predecir con precisión cuando ocurrirá un terremoto.
Datos basados en información reportada originalmente por Infobae América.
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