Ascender a un puesto de mando medio es considerado un hito significativo en la carrera profesional de quienes destacan en tareas operativas. No obstante, liderar un equipo implica adquirir competencias que van más allá del simple conocimiento técnico. Habilidades como la comunicación efectiva, la inteligencia emocional y la capacidad para delegar son esenciales.
Un error frecuente entre los nuevos jefes es continuar inmersos en operaciones, descuidando aspectos cruciales de su rol, como la estrategia y la gestión del equipo. Según Nora Taboada, fundadora de AFE-Liderazgo Consciente, muchos gerentes recién ascendidos se aferran a sus tareas técnicas, pues se sienten más cómodos en áreas que dominan. Este enfoque, aunque comprensible, puede resultar perjudicial, ya que impide su desarrollo y les deja sobrecargados.
El estrés es una realidad para los líderes: el 45% de ellos reporta experimentarlo a diario, comparado con el 39% de los empleados, según el estudio “El estado del lugar de trabajo global 2026” de Gallup. Mantenerse alejado de la delegación equivale a crear cuellos de botella, ralentizando la productividad. Ivonne Mijares, experta en habilidades blandas, señala que la transición a un puesto gerencial puede ser desafiante y genera temores, especialmente en entornos que carecen de programas de formación.
Con frecuencia, los mandos medios priorizan resultados sobre el bienestar de sus colaboradores. Esta perspectiva errónea sugiere que los jefes deben centrarse únicamente en la presentación de buenos informes. Sin embargo, la falta de habilidades emocionales, como la capacidad de delegar y establecer límites, puede desgastar a los equipos, elevando los niveles de estrés, ansiedad y frustración.
Ampliar la inteligencia emocional es esencial para manejar situaciones desafiantes sin recaer en respuestas impulsivas. Las competencias clave incluyen la comunicación efectiva, que implica escuchar activamente y comprender las necesidades de los miembros del equipo. A partir de esto, se pueden desarrollar atributos como la empatía, fundamental para fortalecer relaciones laborales. Taboada también resalta la importancia del autoconocimiento, que permite a los gerentes ser autocríticos y reconocer sus fortalezas y debilidades.
La autorregulación es igualmente crítica, apuntando a la necesidad de nombrar y gestionar las emociones. A medida que los líderes desarrollan estas habilidades, aprenden a delegar más eficazmente, lo que evita la sobrecarga de trabajo y optimiza la productividad.
Implementar programas de preparación para futuros mandos medios puede representar una inversión significativa, desalentando a algunas pequeñas empresas ante recursos limitados. Sin embargo, es crucial preparar a estos candidatos con antelación, permitiéndoles dirigir proyectos y supervisar equipos antes de asumir roles formales. Esta práctica no solo les otorga una ventaja al acumular experiencia, sino que también minimiza los errores que podrían surgir al asumir la dirección.
La capacitación temprana garantiza que los futuros líderes estén mejor equipados, facilitando su adaptación a las nuevas responsabilidades y contribuyendo a la creación de entornos de trabajo más saludables y productivos.
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