En el bullicio cotidiano de la Ciudad de México, un refugio creativo emerge en el norte de la capital. Alina Kiliwa, una artista rotulista, convierte su estudio en un espacio de vida y color. Con un bote de pintura azul y un pincel en mano, empieza a crear rótulos que reflejan la esencia de la gráfica popular mexicana, marcando un resurgimiento en el oficio del rotulismo.
Desde el borrado de letreros en los comercios callejeros por el anterior Gobierno de la Alcaldía Cuauhtémoc en 2022, la atención sobre el rotulismo ha crecido exponencialmente. Kiliwa observa que este hecho ha generado un renovado interés y una afluencia de clientes, que buscan recrear el estilo nostálgico y distintivo que caracteriza a las calles de México. En su estudio, cuelgan varios rótulos, y sobre la mesa reposan obras a medio hacer, reflejando la creciente demanda de un arte que no solo embellece, sino que también narra historias.
La artista, con más de 65,000 seguidores en redes sociales, ha visto cómo su trabajo ha resplandecido con esta nueva ola de interés. Sus talleres atraen principalmente a jóvenes diseñadores, quienes buscan entender el arte del rotulismo y aprender a apreciar este antiguo oficio. En sus propias palabras, Kiliwa cree que esta interacción con nuevas generaciones asegurará el respeto y la continuidad del arte de rotular.
No solo Kiliwa ha notado este renacer; también Raúl Ángeles, un rotulista con 40 años de experiencia, ha comenzado a enseñar a jóvenes en uno de los centros comunitarios de la capital. Desde el inicio de su labor en Pilares La Joya, cerca de 300 estudiantes han pasado por sus talleres. Ángeles considera que el futuro del rotulismo es prometedor, sintiendo un despertar en las personas hacia lo hecho a mano.
La controversia sobre los rótulos en la Ciudad de México no es un fenómeno reciente. En 2022, la exalcaldesa Sandra Cuevas había impuesto restricciones que llevaron incluso a la sustitución de letreros por capas de pintura blanca. Sin embargo, el actual liderazgo de Alessandra Rojo de la Vega ha reabierto el camino para que vuelvan a embellecer los negocios, declarando el ataque a los letreros como un “homicidio cultural”.
Esta dinámica no se limita a la capital. Giovanni Bautista, un joven rotulista de Oaxaca y parte de una familia con tradición en el oficio, comparte que el interés en la conservación de estos rótulos también se debe a su valor histórico y cultural. Su taller, Rótulos Bautista, ha estado en funcionamiento durante más de cuatro décadas y se ha adaptado a los tiempos actuales, amalgamando el conocimiento del pasado con la formación académica.
Al observar el ambiente de la Ciudad de México, es evidente que los colores vibrantes de los rótulos se han transformado en un símbolo de identidad y resistencia cultural. Negocios como la birriería Los Toritos, que antes se vieron obligados a despojarse de sus distintivos, han encontrado una nueva vida y expresión al reincorporar rótulos pintados que no solo definen su oferta sino que también contribuyen a la vitalidad del paisaje urbano.
Mientras las interpretaciones del rotulismo se diversifican en diferentes regiones del país, el eco de las voces que abogan por la preservación de este arte continúa resonando fuerte y claro. En este contexto, el rotulismo no solo revive, se transforma en un fenómeno de resistencia, una celebración de la identidad mexicana que se manifiesta con cada letra pintada a mano.
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