Un nuevo estudio realizado por investigadores de Curtin University ha arrojado luz sobre el enigmático traslado de la piedra del altar de Stonehenge, un megalito de arenisca que, según los análisis recientes, fue transportado deliberadamente por humanos desde el noreste de Escocia hasta la llanura de Salisbury en Inglaterra. Esta travesía, que abarca aproximadamente 700 kilómetros, ha desafiado la teoría previa que atribuía su movimiento a glaciares.
La piedra del altar, que pesa alrededor de seis toneladas, fue movida por grupos prehistóricos a través de terrenos difíciles y utilizando métodos que, según estas investigaciones, combinaron arrastre terrestre con posibles rutas por vía fluvial. Los investigadores han demostrado que los glaciares de la última Edad de Hielo solamente pudieron desplazar la roca hasta Dogger Bank, en el Mar del Norte; lo que significa que la última parte del recorrido hasta Salisbury fue efectuada por comunidades humanas.
Este desafío logístico se considera uno de los más significativos de la prehistoria británica, en el que estuvo involucrado un alto nivel de coordinación social. Encabezados por el Dr. Anthony Clarke, los autores del estudio destacaron la planificación necesaria para mover una piedra de este tamaño, lo que refleja un avance significativo en la organização de las comunidades neolíticas.
Para llegar a esta conclusión, los científicos combinaron análisis geológicos y modelos informáticos avanzados, lo que les permitió simular los desplazamientos glaciares, demostrando así que no existieron rutas naturales que unieran Escocia con la ubicación final de Stonehenge. A través de la datación de minerales extraídos de la piedra, se estableció que su origen es la Cuenca Orcadiana en Escocia, un hecho que había sido cuestionado durante más de un siglo.
El estudio también revela que la piedra del altar no es la única asociada a un origen distante en Stonehenge. Este monumento está compuesto por diversos tipos de rocas, incluyendo las sarsen, provenientes de Marlborough, a 25 kilómetros del sitio, y las bluestones de Gales. Sin embargo, el recorrido del altar stone supera de lejos las distancias recorridas por otras piedras, colocándolo entre los traslados más largos documentados para cualquier megalito de la era neolítica.
El debate sobre cómo se llevó a cabo este traslado sigue abierto. Algunos arqueólogos sugieren que una travesía marítima puede haber sido una opción viable, considerando las habilidades de las comunidades prehistóricas, mientras que otros defienden que el transporte terrestre habría permitido una mayor participación de diversas tribus a lo largo del trayecto.
La investigación no solo aporta sobre el origen de la piedra, sino que también profundiza en las capacidades logísticas de las sociedades antiguas, revelando una sofisticación tecnológica y un nivel de cooperación social superiores a los tradicionalmente asumidos. En los próximos pasos, el equipo de investigación planea localizar la cantera original en Escocia y estudiar con más profundidad las rutas y técnicas empleadas para el transporte, con la finalidad de iluminar más sobre la historia de Stonehenge y las complejas sociedades que lo construyeron.
Este hallazgo se suma a un creciente interés por comprender cómo las civilizaciones antiguas organizaron y realizaron esfuerzos tan extraordinarios frente a los desafíos del entorno. La búsqueda de respuestas continúa, prometiendo nuevas revelaciones sobre el pasado humano.
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