El 5 de octubre de 2025 fue una fecha que cambió la vida de Brenda Valenzuela para siempre. Su hijo mayor, Carlos Emilio Galván, de 21 años, desapareció en Mazatlán, Sinaloa, mientras disfrutaba de unas vacaciones familiares. La última vez que se supo de él, había ingresado a la Terraza Valentino, un restaurante local con vínculos al entorno político de la región. En cuestión de 30 a 40 minutos, Carlos Emilio dejó de ser visto.
Cuatro meses después de su desaparición, la angustia y la frustración de Brenda son palpables. En una reciente entrevista, denunció que las autoridades no han brindado la atención necesaria a su caso. Las inconsistencias y la falta de información desde el gobierno han intensificado su desesperación. “No han hecho más que decirnos que están trabajando en la investigación”, explica, mientras su voz tiembla por el dolor y la incertidumbre.
Sinaloa, un estado que acumula más de 7,000 personas desaparecidas, se encuentra bajo un intenso escrutinio a pocas semanas de su Carnaval, un evento que atraerá a más de 90,000 turistas. Sin embargo, para Brenda, no hay nada que celebrar en una región asolada por la violencia del crimen organizado, donde la desaparición de su hijo no es un acontecimiento aislado, sino parte de una crisis nacional.
Carlos Emilio, con formación en Gastronomía y una afición por el deporte, era descrito por su madre como el “alma de la familia”. “Ha sido un punto de unión durante 21 años”, reflexiona Brenda, quien también resalta el impacto devastador que la desaparición ha tenido en su hogar. El dolor se ha intensificado con el descubrimiento de fosas clandestinas en la región, lo que subraya la gravedad de la situación y el terror que enfrentan las familias buscadoras.
A pesar de los esfuerzos de su familia por obtener información y justicia, las promesas de las autoridades no han dado resultado. Brenda señala que el propietario del lugar donde su hijo desapareció, en ese momento un alto funcionario estatal, no ha sido interrogado desde entonces. La percepción de ocultamiento de información por parte de las autoridades es constante, lo que alimenta su desconfianza hacia el sistema.
El clima de inseguridad ha recrudecido con la aparición reciente de noticias sobre nuevos casos de desapariciones en la zona, incluyendo a turistas. A pesar de los operativos de seguridad implementados, la realidad de la violencia parece estar fuera de control. “La falla del Estado es contundente”, asegura Brenda, quien critica la ineficacia de los despliegues de seguridad como una burla ante el dolor de las familias que pierden a sus seres queridos.
Con el Carnaval a la vista, las autoridades intentan proyectar una imagen de seguridad y celebración. Sin embargo, para Brenda, esto es un acto de crueldad del Estado. Afirma que esta promoción del evento es un intento de invisibilizar todas las tragedias que están ocurriendo, cada caso de desaparecidos y asesinatos que, en su opinión, debería ser prioritario.
“Nadie está pidiendo un favor, solo queremos que se nos devuelva lo que nos fue arrebatado”, enfatiza, mientras exige justicia y atención a las familias que están sufriendo. Su deseo es ver un cambio real, que las autoridades enfrenten la crisis de las desapariciones y garanticen la seguridad y el bienestar de los ciudadanos.
A medida que avanza la búsqueda de Carlos Emilio, Brenda y su familia han optado por buscar asesoría jurídica en un intento por obtener respuestas. La falta de información y el silencio que han enfrentado se convierten en una forma de violencia, en un duelo interminable. “Para quienes vivimos esto, el tiempo está suspendido”, concluye, dejando un eco de tristeza y la certeza de que la lucha por la verdad y la justicia apenas comienza.
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