En Puebla, un panorama preocupante se presenta en el ámbito educativo. A pesar de la asignación de recursos destinados a la mejora de las escuelas a través del programa “La Escuela es Nuestra”, las expectativas han quedado muy por debajo de la realidad. Tutores se han visto beneficiados con fondos que, en teoría, deberían facilitar la realización de obras vitales para los planteles, sin embargo, muchas de estas obras no se llevan a cabo o se encuentran inconclusas.
Este programa, diseñado para empoderar a las comunidades y permitirles gestionar recursos para el mejoramiento de sus instituciones educativas, ha mostrado serias deficiencias en su ejecución. Los tutores, encargados de administrar los recursos, se enfrentan a complicaciones que impiden que las mejoras prometidas se materialicen. Según datos recabados hasta el 26 de febrero de 2026, se ha observado una falta de transparencia en la gestión de estos recursos, lo que pone en riesgo la calidad educativa de los niños en Puebla.
Más allá de las expectativas, los planteles, que deberían transformarse en espacios dignos para la enseñanza, permanecen con instalaciones deterioradas y carecen de los insumos necesarios. La problemática no solo afecta a la infraestructura, sino que también repercute en la calidad de la educación que reciben los estudiantes. En un contexto donde la inversión en educación es crucial, es alarmante que los fondos no se utilicen de manera efectiva.
Las cifras hablan por sí solas: numerosos tutores reportan que, a pesar de contar con los recursos destinados, las obras no se han ejecutado o, en el mejor de los casos, están lejos de concluirse. Esta situación lleva a cuestionar la gestión del programa y la verdadera capacidad de las comunidades para llevar a cabo estos proyectos de mejora.
Es necesario que las autoridades se ajusten y fortalezcan los mecanismos de supervisión y rendición de cuentas para garantizar que los fondos destinados a la educación no se queden en el papel. Solo a través de un manejo adecuado de los recursos se podrá alcanzar el objetivo de transformar las escuelas en espacios seguros y funcionales que cumplan con su misión educativa.
La comunidad educativa no puede permitirse seguir en un ciclo de promesas incumplidas. Está en juego el futuro de miles de niños que merecen una educación de calidad y un entorno propicio para aprender y crecer.
La situación actual presenta un desafío crítico que requiere atención inmediata y soluciones efectivas para asegurar que “La Escuela es Nuestra” cumpla su propósito original: brindar un mejor futuro a las próximas generaciones.
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