El sector automotriz se ha posicionado en el centro del debate en la revisión conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Esta relevancia emergente resulta de acciones implementadas por la administración de Donald Trump y del creciente desafío que representa la competitividad de China en esta industria. Según un análisis de Boston Consulting Group (BCG), los líderes de este sector deben prepararse para un ambiente cambiante.
En julio de 2026, está programada una revisión conjunta que evaluará el T-MEC, el acuerdo que ha facilitado el intercambio de vehículos y sus componentes sin aranceles, siempre que se cumplan con ciertas normativas de contenido y requisitos laborales. Este análisis señala que los resultados de estas discusiones influirán en el futuro de las cadenas de suministro en América del Norte durante las próximas décadas.
Desde mayo de 2026, se han llevado a cabo negociaciones bilaterales entre Estados Unidos y México, después de debates técnicos en la primavera. Estas negociaciones han girado en torno a aspectos críticos como la limitación de insumos de economías no de mercado, la modificación de las reglas de origen en la industria automotriz y la colaboración en la obtención de minerales esenciales.
Un cambio significativo tuvo lugar en 2025, cuando Estados Unidos estableció un arancel del 25% en las importaciones de productos automotrices bajo la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962. A pesar de esto, los productos que cumplen con las normas de origen establecidas en el T-MEC se benefician de este tratamiento arancelario, aunque no de forma total.
Recientemente, la administración de Trump ha planteado modificar las normas de origen como parte de la revisión conjunta del T-MEC. Esta propuesta ha suscitado tensiones, ya que en enero de 2022, México y Canadá solicitaron la intervención de un panel de solución de controversias para resolver un desacuerdo sobre el tratamiento de materiales en piezas de vehículos. En diciembre de 2022, el panel falló en contra de Estados Unidos, pero la Oficina del Representante Comercial estadounidense (USTR) no estuvo de acuerdo con esta decisión, manifestando que se estaba buscando una solución conjunta.
Además, la interpretación del USTR sobre el Valor de Contenido Regional (RVC) ha sido objeto de disputa. Mientras que México y Canadá argumentan que el valor total de una pieza central que cumple las normas del T-MEC debería contarse íntegramente en el cálculo del RVC, la USTR sostiene que deben excluirse los materiales provenientes de países no miembros.
Ante este panorama, algunos legisladores en Estados Unidos han propuesto asegurar que los vehículos provenientes de China no accedan al mercado estadounidense, incluso a través de sus socios comerciales, México y Canadá.
Es evidente que la revisión del T-MEC en el sector automotriz es un tema que promete generar grandes cambios y ajustes en las dinámicas de la industria en América del Norte. Con las negociaciones en curso y la presión internacional en aumento, los próximos años serán cruciales para la estabilidad y competitividad de esta valiosa industria.
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