Gabriel Boric cerró este martes su visita de Estado a Argentina con un recorrido por el que fuera en los años setenta el mayor centro de torturas y exterminio de la dictadura. “Fue estremecedor”, resumió el presidente de Chile. Durante una hora y media, Boric recorrió acompañado por su par argentino, Alberto Fernández, las instalaciones de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), convertida en 2015 en Espacio Memoria.
La visita fue símbolo del perfil que Boric ha querido dar a su primer viaje al exterior, en un país que ha juzgado los crímenes de la dictadura y hace de la memoria histórica parte de su cultura política. “Hay quienes creen que recordar esto es meter el dedo en la llaga, y esto es para que no vuelva a pasar”, dijo Boric. Fue un claro mensaje a su país, donde la transición soportó el lastre de la figura del dictador Augusto Pinochet, en activo como jefe del Ejército hasta 1998 y luego senador vitalicio.
Por la ESMA pasaron 5.000 detenidos desparecidos. La recorrida por su interior da una idea de los sufrimientos de los presos, que soportaban largas sesiones de tortura y pasaban sus días encapuchados y aislados en espacios minúsculos. “Es muy fuerte ver los lugares donde las mujeres parían, en ese espacio tan pequeño. Ha sido muy fuerte y muy emocionante”, dice la ministra de Defensa, Maya Fernández, nieta del presidente Salvador Allende.
La comitiva chilena estuvo acompañada dentro de la ESMA por representantes de organismos de derechos humanos, supervivientes del centro de detención y familiares de desparecidos. Las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo regalaron a Boric uno de sus tradicionales pañuelos blancos. “Gracias a los que hacen que la memoria siga siendo vital”, dijo Boric. “Alberto Fernández me dijo que cómo era posible que no se supiera lo que sucedía aquí. Las habitaciones estaban ahí, abajo de la Capucha. Uno siente el horror y también la solidaridad, y la historia de las mujeres que parieron en dos metros cuadrados”, dijo Boric al terminar la visita.
La Capucha era el principal lugar de reclusión de prisioneros. Los detenidos permanecían esposados de pies y de manos, con una capucha o antifaz de tela en la cara y dormían en colchones colocados en el piso. Ingresar a la Capucha era perder el último vestigio de identidad: como en los campos de exterminio nazis, los presos eran allí identificados con un número. El edificio que alojaba la Capucha era el casino de oficiales de la ESMA, un predio de la Armada argentina que formaba a los nuevos cadetes. El centro clandestino de detención no detuvo las clases ni la vida del barrio. El contraste entre el interior y el exterior del predio era brutal. La ESMA está ubicada sobre la avenida del Libertador, una larga arteria arbolada que aloja los edificios más caros de la ciudad y los parques de estilo francés que son marca de Buenos Aires.
Gracias por leer informacion.center, puedes seguirnos en Facebook y Twitter, o visitar nuestra pagina oficial.
Informacion.center origen Informacion.center.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.




























