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Henry Kissinger nunca pronunció la frase, que durante tiempo se le atribuyó, sobre sus dificultades para encontrar un interlocutor de la entonces Comunidad Económica Europea. “¿Cuál es el número de teléfono de Europa?”, decía la cita apócrifa que supuestamente habría pronunciado el secretario de Estado y consejero de Richard Nixon en los años setenta, y que servía para evidenciar que no existía alguien que hablase en nombre de todos los europeos. Medio siglo después, la pregunta, fuese quien fuese su autor real, sigue sin respuesta, como demuestran las tensiones actuales entre la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y la alta representante para la Política Exterior y de Seguridad, Kaja Kallas, para liderar la diplomacia europea. La ausencia un “número de teléfono” al que puedan llamar los sucesores de Kissinger o sus homólogos en Moscú o Pekín es más grave ahora que entonces. Sin una acción exterior robusta y unificada, la Unión Europea corre el riesgo de la irrelevancia mientras otras potencias se reparten el mundo en áreas de influencia y violan el derecho internacional.
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