Donald Trump, quien comenzó su mandato como un presidente neo aislacionista, ha evolucionado hacia un enfoque neo imperialista en el año 2025. Sus decisiones han dejado en claro que el multilateralismo no es parte de su agenda; para él, los únicos contrapesos que importan son los que benefician directamente a Estados Unidos. Esta nueva realpolitik refleja su visión empresarial de ver el mundo, donde el interés nacional se fusiona con su experiencia en el sector inmobiliario.
En este contexto, la administración Trump ha abordado América Latina, particularmente a Venezuela, como un área de juego casi exclusivo. Sus funcionarios, incluido el vicejefe de Gabinete, Stephen Miller, han expresado con arrogancia su intención de controlar los recursos petroleros venezolanos. Argumentan que están allí para “tutelar” estas riquezas en beneficio del pueblo venezolano, aunque el verdadero interés parece ser más estratégico que humanitario.
A medida que se intensifican las declaraciones sobre la soberanía de Groenlandia, Trump ha dejado claro que está dispuesto a tomar medidas drásticas para asegurar esta región. La famosa frase “Groenlandia será nuestra, de la manera amable o de una manera más difícil”, resuena con un tono de amenaza que revela su filosofía: solo se protege lo que se posee. Para él, Groenlandia es más que una ubicación geográfica; es un activo valioso en la lucha geopolítica contra potencias como China y Rusia.
Un aspecto intrigante es la actitud cautelosa de Europa frente a esta amenaza. En un mundo emergente que parece fragmentarse en esferas de influencia dominadas por Estados Unidos, Rusia y China, la Unión Europea parece quedar al margen de las decisiones cruciales que definirán el futuro geopolítico.
La respuesta de México a este cóctel de tensiones ha sido notable en su serenidad. En lugar de adoptar un enfoque populista o emocional, el gobierno mexicano ha buscado la colaboración en la lucha contra el crimen organizado. Esta estrategia busca reducir la violencia mediante un enfoque responsable que incluya la reducción de flujos de armas ilegales provenientes de Estados Unidos, así como el control de la migración y la trata de fentanilo entre las naciones.
Así, en medio de un clima internacional cargado de nerviosismo y urgencia, la política exterior de México intenta mantener un curso firme. Sin duda, es un momento crítico donde las decisiones tomadas tienen el potencial de afectar no solo las relaciones entre estos países, sino también la estabilidad regional y global en los próximos años.
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