El panorama laboral en México presenta señales preocupantes que sugieren un estancamiento económico. Las cifras recientes del Inegi y el IMSS muestran que, aunque el empleo formal en el sector industrial está presente, su crecimiento no es suficiente para satisfacer la demanda de una población ávida de oportunidades laborales. A la vez, el empleo informal continúa en aumento, alcanzando un alarmante 54.8% al cierre de marzo de 2026.
El secretario del Trabajo, Marath Bolaños, defendió en una reciente conferencia que 60 millones de personas están empleadas y que la tasa de desocupación se mantiene en un 2.4%, inferior a la media de los países de la OCDE. Sin embargo, esta cifra debe analizarse con cautela, ya que el tipo de empleos que se están generando no siempre garantizan estabilidad económica. Desde finales de 2024, la creación de nuevos puestos de trabajo en la industria manufacturera ha comenzado a desacelerarse, lo que podría acentuar la problemática.
El impacto de la caída de la inversión en el sector industrial es palpable y se correlaciona con la incertidumbre provocada por el TMEC y las medidas arancelarias implementadas por la anterior administración estadounidense. Estas situaciones han empezado a limitar el crecimiento del empleo formal y han llevado al cierre de numerosas micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), seguidas de un entorno económico que cada vez se siente más restringido.
Los datos del IMSS reflejan que la creación de empleo formal, aunque positiva, aún no logra alcanzar la necesidad de casi 100,000 nuevos puestos mensuales, especialmente entre la juventud que busca insertarse en el mercado laboral. Esta dificultad para acceder a trabajos formales ha resultado en una creciente dependencia del empleo informal, que, aunque proporciona ingresos, no contribuye de manera efectiva al desarrollo económico del país.
El aumento del salario mínimo, que ha visto un crecimiento acumulado del 135% desde 2018, podría ser un doble filo. Si bien ha mejorado el poder adquisitivo de los trabajadores, también ha generado tensiones en las empresas, especialmente en el norte del país, llevándolas al cierre o la relocalización de fábricas. Este hecho pone de relieve la necesidad de equilibrar mejoras salariales con la capacidad económica de las empresas.
La incertidumbre económica, sumada a la reciente volatilidad internacional, hace que el futuro del mercado laboral en México sea incierto. A pesar de las expectativas de recuperación económica para 2026, la situación actual sugiere que la debilidad del sector industrial podría tener un impacto prolongado en la economía del país. Este panorama llevará a la búsqueda de soluciones que permitan fomentar un entorno donde prevalezcan las oportunidades de trabajo formal, asegurando un crecimiento sostenible en el futuro.
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