La relación entre México y Cuba ha transitado de altibajos significativos a lo largo de los años, y una de las frases más recordadas que marcó un punto de inflexión fue “Comes y te vas”. Esta icónica expresión, lanzada en 2002 por el entonces presidente mexicano Vicente Fox, encapsuló un episodio tenso en la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo en Monterrey, donde buscaba evitar un encuentro entre Fidel Castro y el presidente estadounidense George W. Bush. Desde entonces, las interacciones entre ambos países han estado cargadas de un simbolismo político que afecta no solo a la diplomacia bilateral, sino también a las dinámicas internas en México.
El retorno de un clima de cooperación entre México y Cuba llegó con la llegada al poder del partido Morena en 2018. Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum ahora enfrenta un dilema complicado. México se ha convertido en uno de los principales proveedores de petróleo para la isla caribeña, y esta situación ha cobrado relevancia en un momento de tensiones crecientes con Estados Unidos—un contexto que se agudiza con la intervención reciente de Donald Trump en Venezuela. Las voces críticas dentro de la oposición, que incluyen voces destacadas del PAN, PRI y MC, han emergido con el mensaje unificado: “Es una irresponsabilidad, México no puede estar subsidiando dictaduras”.
La discusión no se limita a la política exterior; también abarca la situación crítica de Petróleos Mexicanos (Pemex), que continúa enfrentando dificultades financieras. Ildefonso Guajardo, exsecretario de Economía, advierte que la situación de Pemex debería ser una prioridad y cuestiona la lógica de continuar enviando petróleo a un país que mantiene una relación ríspida con la administración estadounidense. Con un 90% del comercio mexicano vinculado a Estados Unidos, el exfuncionario subraya la urgencia de preservar esa relación, sugiriendo que la gestión actual de Sheinbaum podría agravar los desafíos económicos nacionales.
Dentro del propio seno del partido Morena, las críticas también han comenzado a florecer. Ricardo Sheffield, senador de la bancada mayoritaria, ha planteado la posibilidad de revisar los acuerdos de suministro de crudo a Cuba para evitar tensiones con la administración de Trump. Esta propuesta ha sido recibida con descalificaciones por parte de algunos miembros del partido, evidenciando una fractura interna sobre cómo manejar la política exterior.
La falta de transparencia en los términos del suministro de petróleo a Cuba es otro punto de conflicto. La presidenta Sheinbaum ha evitado revelar detalles sobre los contratos o acuerdos que regulan estas transacciones, proporcionando combustible a la oposición para cuestionar la legitimidad y las condiciones de tales envíos. Muchas voces, entre ellas la de Marko Cortés, senador y expresidente del PAN, exigen una rendición de cuentas clara: “¿Bajo qué condiciones se envía? ¿Hay contrato?”.
Mientras tanto, la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo, ha desviado la atención de la controversia hacia la potestad presidencial, alegando que corresponde a Sheinbaum decidir el futuro del suministro. Ante este mar de incertidumbre, la presidenta ha defendido la acción como un acto de solidaridad humanitaria, recordando que durante años, independientemente del contexto político, México ha mantenido una relación de apoyo hacia Cuba, especialmente en el contexto del embargo económico impuesto por Estados Unidos.
Sin embargo, la crítica no ha cesado. Guajardo recuerda que durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, los envíos a Cuba eran pagos y no donaciones, un matiz que podría cambiar la percepción pública sobre la relación actual. La controversia ha escalado hasta la Cámara de Representantes de EE.UU., con el congresista Carlos A. Giménez acusando a Sheinbaum de “mentir descaradamente” y cuestionando sus intenciones.
Con el futuro en juego y un panorama internacional cada vez más complejo, será la presidenta quien finalmente decida el rumbo de esta delicada situación. En un vínculo marcado por la historia, las decisiones actuales tendrán repercusiones que podrían definir no solo la relación bilateral, sino también las dinámicas internas de México.
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