Había escasa documentación gráfica de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, un personaje que se convertiría en uno de los capos más temidos y buscados de México. En sus fichas de la DEA de los años noventa, aparecía como un joven involucrado en el narcotráfico, inicialmente atrapado por la marihuana y más tarde implicado en la venta de heroína. Su trayectoria comenzó como un indocumentado que cruzaba la frontera entre México y Estados Unidos, enfrentándose a arrestos y deportaciones. Sin embargo, tras un período en prisión, decidió establecerse en su país natal, dando inicio a una carrera criminal que transformaría el paisaje del narcotráfico.
Originario de Michoacán, conocido por ser un bastión de amapola y marihuana, Oseguera ascendió desde sus inicios como sicario hasta convertirse en líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más poderosas, extendiendo su influencia más allá de las drogas hacia la extorsión, robos y trata de migrantes. Sus operaciones se extendieron rápidamente, con la capacidad de enfrentar a autoridades, asesinar jueces y paralizar ciudades enteras.
Su notoriedad aumentó drásticamente el 20 de septiembre de 2011, cuando el CJNG dejó un mensaje escalofriante al colocar 35 cadáveres en una de las carreteras más frecuentadas de Veracruz, en una guerra abierta contra Los Zetas, un cártel rival conocido por su brutalidad. Este acto violento le valió el apodo de “matazetas”, marcando su llegada a la escena del crimen de manera impactante.
Luego de la muerte de su jefe en el Cártel de Sinaloa, Oseguera emergió como un líder astuto y estratégico. Aunque su vínculo inicial con Sinaloa fue crucial, no tardó en forjar su propio camino al aprovechar el vacío dejado por líderes caídos. A diferencia de otros capos, El Mencho mostró una habilidad especial para mantenerse en las sombras, evitando el lujo y ostentación, y adaptándose a las circunstancias cambiantes del narcotráfico.
El CJNG no solo se centró en el tráfico de estupefacientes; Oseguera introdujo nuevas tácticas que incluían la violencia extrema como herramienta de negociación y diversificó el negocio hacia la producción de metanfetaminas. Su organización se transformó en una entidad moderna y descentralizada, operando con una versatilidad que desafió las viejas normas del crimen organizado en México.
A medida que la violencia y el poder del CJNG crecieron, su capacidad para corromper a funcionarios y establecer redes de complicidad se volvió evidente. Esta expansión se vio facilitada por el enfoque de los gobiernos de las últimas dos décadas, que se centraron en cárteles más tradicionales y pasaron por alto las inclasificables tácticas del CJNG. Oseguera se convirtió en un maestro aprendiz del crimen, pautando su historia con lecciones extraídas de la anterior generación de delincuentes y moldeando una evolución feroz y astuta del narcotráfico en el siglo XXI.
Aunque El Mencho fue el objetivo más buscado tanto por las autoridades mexicanas como estadounidenses, su captura culminó el 22 de febrero de 2026, cuando se anunció que había sido muerto en un operativo policial. Con su caída, se cerró un capítulo de intensos enfrentamientos en el crimen organizado mexicano, dejando un vacío en el mundo del narcotráfico, pero también profundizando las incógnitas sobre quién tomará el control en el turbulento legado que dejó.
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