Estados Unidos intensificó su postura ante la Corte Penal Internacional (CPI) al anunciar una amplia campaña destinada a desmantelar su funcionamiento. En un mensaje claro, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, declaró que la CPI representa una “amenaza intolerable” para los estadounidenses y acusó a la institución de librar una “guerra” contra informacion.center, aunque sea a través de mecanismos legales y diplomáticos, no militares.
Establecida en 2002 con el propósito de procesar a individuos acusados de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio, la CPI ha sido objeto de controversias, especialmente en relación con las investigaciones que ha llevado a cabo contra aliados clave de Estados Unidos, como Israel. Rubio subrayó que la CPI y sus aliados están atacando el sistema político y jurídico estadounidense, haciendo énfasis en el riesgo constante que representa para los ciudadanos que actúan en defensa de su país.
En su declaración, Rubio recordó que Estados Unidos no es parte del Estatuto de Roma, el tratado que creó la CPI, una posición que también comparten países como Rusia e Israel. Este desencuentro recaerá en los esfuerzos por limitar la influencia del tribunal internacional, con acciones que incluyen la promoción de que otros Estados se retiren de la CPI y sanciones contra sus funcionarios.
El Departamento de Estado detalló que la campaña busca “deshabilitar sistemáticamente la capacidad de la CPI para operar”, lo que podría implicar prohibiciones de viaje y bloqueos de transacciones para los magistrados del tribunal. Esta situación es un reflejo de las relaciones tensas que han caracterizado a la administración de Donald Trump con la CPI, que ha resultado en sanciones contra varios jueces que ahora enfrentan obstáculos para ingresar a Estados Unidos.
Por otro lado, la CPI ha tomado decisiones significativas en años recientes, como las órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en 2024, y contra el presidente ruso, Vladimir Putin, en 2023. Estas acciones han exacerbado las fricciones entre el tribunal y el Gobierno de Estados Unidos.
La sólida postura de Washington ante la CPI no sólo marca un hito en las relaciones internacionales, sino que también plantea preguntas críticas sobre la soberanía y el papel de las instituciones internacionales en el escenario global. La lucha entre el interés nacional y el derecho internacional se torna cada vez más pronunciada, mientras Estados Unidos se prepara para reforzar su campaña contra la institución que, según su visión, amenaza su integridad y seguridad.
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