Estados Unidos e Israel reiteraron el 28 de febrero de 2026 su defensa de los recientes ataques contra Irán en una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, donde se abordaron las graves consecuencias de estos enfrentamientos. La comunidad internacional, según el embajador estadounidense Mike Waltz, ha establecido un principio fundamental: Irán no debe poseer un arma nuclear. Waltz argumentó que esta postura no solo es un asunto de política, sino que se enfoca en la seguridad global, y confirmó que Estados Unidos está tomando medidas legales al respecto.
En un contexto de tensiones crecientes, Waltz también condenó la represión de Irán contra manifestantes y puso en duda la legitimidad de la presencia iraní en el foro. Destacó que “donde a la ONU le falta claridad moral, los Estados Unidos de América la mantendrán”.
Por otro lado, el embajador israelí, Danny Danon, se unió al coro de críticas, señalando la “hipocresía” de algunos miembros del Consejo que condenaron los ataques conjuntos pero minimizaron las represalias de Irán. Danon defendió la acción como una necesidad frente a la falta de alternativas razonables por parte del régimen iraní.
En respuesta, Amir Saeid Iravani, el embajador iraní, calificó los ataques de Estados Unidos e Israel como un “crimen de guerra”, condenando la muerte de civiles, incluidos más de 100 niños en una escuela en Minab. Iravani expresó su frustración ante lo que considera un doble rasero aplicado por algunos miembros del Consejo, quienes ignoran la agresión ejercida contra Irán mientras critican su derecho a la autodefensa.
La reunión subrayó un Consejo de Seguridad profundamente dividido: mientras Rusia y China centraron sus críticas en Estados Unidos e Israel, otros países se enfocaron en las acciones de Teherán. Una declaración conjunta de los Estados del Golfo calificó como “cobardes” los ataques de Irán, reafirmando la responsabilidad del gobierno iraní por el uso de la violencia.
El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la creciente militarización en la región podría llevar a consecuencias incontrolables, instando a la desescalada en un contexto ya de por sí volátil.
Las repercusiones de esta crisis seguirán siendo objeto de debate internacional, a medida que se desarrollen las dinámicas políticas y militares en la región, dejando a la comunidad global en un estado de expectación respecto a los próximos pasos de las potencias involucradas.
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