Durante más de 40 años, un enigma inquietante ha rodeado a los cachorros de foca en la isla de Sable. Decenas de crías aparecían cada año con heridas en espiral profundas y misteriosas, un fenómeno que desconcertó a la comunidad científica. A través de una exhaustiva investigación y el uso de tecnologías avanzadas, se lograron respuestas que cambiaron radicalmente la comprensión sobre estas lesiones.
La incertidumbre persistió mientras biólogos y expertos planteaban diversas hipótesis sobre el origen de las lesiones. Una de las teorías sugería que depredadores marinos desconocidos estaban atacando a las crías. Otra posibilidad apuntaba a la intervención humana, en la que hélices de embarcaciones o redes de pesca podían estar involucradas. Sin embargo, ninguna de estas hipótesis se confirmaba en el entorno natural de esta reserva atlántica.
La descripción de las heridas era alarmante: afectaban tanto la piel como la grasa corporal, llegando hasta el hueso. A pesar de años de estudio y múltiples debates, la comunidad científica no lograba encontrar pruebas concretas. Todo cambió cuando, mediante drones de vigilancia ambiental, investigadores documentaron por primera vez un ataque directo de un macho adulto de foca gris a una cría. Este hallazgo fue un punto de inflexión, ya que ofreció la evidencia necesaria para eliminar las conjeturas anteriores.
El estudio, respaldado por el biólogo Damian Lidgard del departamento de Fisheries and Oceans Canada, reveló que el canibalismo entre focas grises (Halichoerus grypus) es una realidad sin precedentes. La documentación de este comportamiento aporta claridad a lo que antes era un misterio; aunque preocupante, el canibalismo no parece representar una amenaza significativa para la población global de la foca gris en el Atlántico. Los recientes registros indican que más de 71,000 cachorros nacen anualmente en la isla, y las muertes por canibalismo, que no superan las mil al año, son demográficamente irrelevantes.
A pesar de eso, la situación de otras especies, como la foca común (Phoca vitulina), suscita nuevas inquietudes. Esta especie, mucho más vulnerable y en descenso, podría enfrentar un riesgo considerable por el aumento de los ataques de machos de foca gris. La coexistencia entre estas dos especies podría verse amenazada si las muertes continúan incrementándose.
La historia de las focas de la isla de Sable revela una complejidad que a menudo escapa a la percepción pública. El fenómeno del canibalismo, aunque perturbador, también ofrece nuevas perspectivas sobre la dinamización de los ecosistemas marinos locales y plantea un desafío para la conservación de especies en riesgo. La comunidad científica ahora se enfrenta a la tarea de monitorear y gestionar esta dinámica para asegurar la viabilidad de todas las especies que habitan en estas aguas.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación




























