La política industrial enfrenta el riesgo de convertirse en un mero ejercicio retórico cuando carece de acciones concretas y coordinadas. Sin embargo, en un evento reciente en León, la Feria de Financiamiento para la industria del calzado se erigió como un ejemplo notable de cómo una estrategia bien articulada puede abordar desafíos reales. Esta feria no fue solo un encuentro sectorial; fue un hito en la colaboración entre diversos actores: desde la banca de desarrollo hasta los gobiernos federal y estatal, así como las cámaras empresariales. Todos unidos para atacar un problema crítico: el acceso al financiamiento productivo.
La industria del calzado ha lidiado con complejidades significativas, exacerbadas por una competencia internacional feroz y restricciones de liquidez que obstaculizan su crecimiento. En meses recientes, se han adoptado medidas para corregir distorsiones comerciales y restablecer condiciones equitativas, pero la simple protección no es suficiente para activar un crecimiento sostenido. Para ello, la inversión se convierte en un prerrequisito, y el crédito es el motor que alimenta esa inversión.
La participación activa de la banca de desarrollo fue una de las claves de la feria. Instituciones como Nacional Financiera y Bancomext no solo asistieron como meros observadores. Su rol fue fundamental para diseñar soluciones financieras adaptadas a las necesidades del sector: desde capital de trabajo hasta modernización tecnológica, sin olvidar la importancia del fortalecimiento de las cadenas productivas y la educación financiera. Esta actuación activa transforma el financiamiento de un obstáculo estructural en una palanca esencial para el crecimiento.
Lo que se observó en esta feria no es un hecho aislado; refleja la esencia del Plan México. Esta iniciativa se distingue por su capacidad para unir a actores diversos en torno a objetivos productivos específicos. Su valor radica no solo en los diagnósticos que realiza, sino en su enfoque metodológico, que reconoce que la transformación productiva requiere más que simples decretos. Es el resultado de alinear políticas industriales, herramientas financieras y capacidades empresariales dentro de sectores estratégicos.
La feria del calzado pone de manifiesto cómo este modelo puede aplicarse de manera efectiva: enlistando sectores clave, corrigiendo distorsiones cuando es necesario y, sobre todo, facilitando el acceso a herramientas concretas que impulsen la inversión y la modernización. Si este enfoque se replica en otros sectores de alta empleabilidad y con potencial de incrementar la productividad, la transformación productiva podría pasar de ser una mera consigna a una dinámica real y sostenida.
La política económica del siglo XXI no debe limitarse a proteger ciertas industrias para que sobrevivan, sino a orquestar esfuerzos para que realmente crezcan. En la coordinación efectiva de distintos actores e instrumentos radica la esencia del desarrollo industrial en el México contemporáneo, y la reciente feria ilustra el camino a seguir.
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