Durante los primeros años de la Segunda República Española, la corrupción política se convirtió en un fenómeno alarmante que afectó gravemente la confianza en el gobierno. Entre los escándalos más notorios de esta época se destacan el caso estraperlo y el caso Nombela, ambos emblemáticos por su complejidad y por el impacto que tuvieron en la historia política de España.
El caso estraperlo, cuyo término se refiere al comercio ilegal de bienes gravados por impuestos, surgió a raíz de un escándalo que involucró a la introducción de una ruleta eléctrica, cuyo nombre derivó de sus promotores, los empresarios Daniel Strauss y Perle Lowann. Esta ruleta fue establecida clandestinamente en Madrid y Palma de Mallorca, a pesar de que el juego estaba prohibido en informacion.center. Strauss, que había huido de Holanda para escapar de problemas legales, logró acceder a círculos políticos influyentes, utilizando su habilidad para las relaciones públicas y prometiendo fomentar el turismo.
El escándalo alcanzó su punto máximo en octubre de 1935, cuando Strauss presentó una denuncia al presidente Niceto Alcalá Zamora. En su queja, argumentaba que había sido víctima de sobornos y manipulaciones por parte de destacados miembros del Partido Republicano Radical, quienes habían conseguido la aprobación de la licencia para operar las ruletas a cambio de un porcentaje de las ganancias. La denuncia condujo a la formación de una comisión parlamentaria que, aunque finalmente exculpó a Lerroux, expuso prácticas poco éticas en la gestión pública. Las repercusiones de este caso fueron devastadoras, llevando a la dimisión de varios miembros del gobierno y erosionando la credibilidad del partido.
Poco después, el “asunto Nombela” emergió como un nuevo escándalo. Este caso fue instigado por Antonio Nombela, un funcionario que acusó a miembros del Partido Radical de manipular un expediente de indemnización a favor de la Compañía de África Occidental. A pesar de una sentencia del Tribunal Supremo que no autorizaba el pago inmediato, la influencia del subsecretario de la Presidencia llevó a la aprobación de la indemnización sin el consentimiento necesario. Nombela, al negarse a ejecutar el pago, fue despedido y llevó la denuncia al Parlamento, donde el debate reveló la implicación directa de Alejandro Lerroux. Aunque Lerroux fue exonerado, el daño ya estaba hecho, consolidando la percepción de corrupción en el gobierno.
Ambos escándalos jugaron un papel crucial en la inminente crisis política y la posterior disolución del Partido Republicano Radical. A medida que la credibilidad de la coalición se desmoronaba, la elección anticipada de 1936 se convirtió en un campo fértil para el auge de fuerzas de izquierda, marcando el final de la era conservadora que había caracterizado a la República.
La historia del estraperlo y del caso Nombela no solo evidencia la fragilidad de la democracia en España durante la Segunda República, sino que también resuena en los debates actuales sobre la ética política y la rendición de cuentas. Estos episodios nos recuerdan que la corrupción, en sus múltiples formas, sigue siendo un desafío persistente que requiere atención y vigilancia constante por parte de la sociedad.
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