Ecuador ha adoptado una postura firme en la guerra arancelaria con Colombia, elevando los aranceles al 100% para todos los productos colombianos. Esta decisión del Gobierno de Daniel Noboa se traduce en una modificación del Decreto 170, que ya gravaba más de 70 partidas arancelarias provenientes del país vecino. Este enfrentamiento comercial ha tenido repercusiones inmediatas: en febrero, las exportaciones colombianas a Ecuador se redujeron a 109.3 millones de dólares, una cifra alarmante que marca el segundo registro más bajo en la última década, solo superado por el de 2017.
La ministra de Comercio de Colombia, Diana Morales, reconoció que se han agotado los esfuerzos diplomáticos para buscar una solución que favorezca a ambas naciones, pero lamentó la falta de respuesta del Ecuador. Javier Díaz, presidente de Analdex, añadió que la caída más significativa en las exportaciones ha sido en el sector de energía eléctrica, lo que podría augurar un colapso total en varios sectores comerciales si estas condiciones persisten.
Las reacciones no se hicieron esperar. Empresarios de ambos países están haciendo un llamado urgente a sus líderes para que reconsideren sus posturas. Bruce Mac Master, presidente de la Andi, ha enfatizado que el comercio internacional no debe ser un escenario para resolver disputas, ya que esto puede acarrear consecuencias adversas para ambas economías.
Desde Ecuador, Maria Paz Jervis, presidenta ejecutiva de la Cámara de Industrias y Producción, ha instado a un diálogo inmediato y defendido la integración andina, resaltando que destruir lo que tomó más de medio siglo en consolidarse sería un retroceso inaceptable. A lo largo de más de 60 años, el comercio entre Colombia y Ecuador se ha multiplicado por 174 veces, lo que resalta la estrecha relación entre estos países.
El presidente colombiano, Gustavo Petro, no se ha quedado atrás y ha calificado la medida ecuatoriana como “una monstruosidad”, sugiriendo que esta situación transforma radicalmente la relación comercial entre Colombia y Ecuador. Según Petro, esta decisión podría representar el final del Pacto Andino para Colombia, afirmando que “nada hacemos ya allí”.
En resumen, las tensiones comerciales entre Ecuador y Colombia están alcanzando niveles críticos, lo que pone en jaque no solo la relación bilateral, sino también el bienestar de las comunidades en ambos lados de la frontera. La esperanza de una resolución que beneficie a ambos países y fortalezca la integración andina se torna más urgente que nunca.
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