En el vasto mundo de la moda, al igual que la naturaleza moldea las preferencias humanas hacia lo cálido o lo frío, algunas marcas encuentran su esencia en las estaciones. Un claro ejemplo de esta tendencia es Ranra, una marca liderada por Arnar Már Jónsson y Luke Stevens, cuyos diseños suelen evocar la majestuosidad del otoño. Este año, sin embargo, los creadores se atrevieron a innovar, buscando adaptar su enfoque a un vestuario más apropiado para el estío. Stevens comenta que la intención es despojar su trabajo de los excesos para proponer un guardarropa soleado, manteniendo, no obstante, su enfoque centrado en las prendas exteriores adecuadas para climas fríos.
Este legado se traduce en la reimaginación de siluetas de su exitosa y vibrante colección de otoño, ahora confeccionadas con materiales ligeros y transpirables. La paleta de colores, más sutil, se complementa con texturas y brillos propios de las telas, algunas de las cuales fueron desarrolladas en exclusiva por la marca.
La propuesta distintiva de Ranra radica en su capacidad para crear piezas elegantes que no solo cautivan por su estética, sino que también priorizan la funcionalidad y el uso de tejidos innovadores. La delicadeza y sutileza de la obra de Jónsson y Stevens se aprecia claramente en detalles como los sobrechalecos con escote redondeado y la armonía de distintas tonalidades de rojo que coexisten en una misma vestimenta. Para la primavera, el dúo presenta una chaqueta con cierre frontal y pantalones de doble pliegue, como alternativa a la típica indumentaria deportiva. Completa la colección una variedad de camisas, pantalones cortos y largos.
Una resonancia notable con el trabajo del icónico diseñador italiano Giorgio Armani se percibe en algunas de las piezas. Aunque este referente ha estado presente en la obra de Jónsson y Stevens desde sus inicios, Stevens subraya que la integración del deporte en el vestuario cotidiano es un aspecto que siempre buscan rememorar. La funcionalidad y la comodidad se entrelazan en guiños a una estética de los años 80 que no relega el rendimiento a lo que comúnmente entendemos por ropa atlética.
Sin embargo, la colección, aunque rica en cualidades, se siente algo repetitiva, dejando al espectador buscando la vitalidad que caracterizó la anterior temporada. Además, es interesante notar que en esta colección, los accesorios están inspirados en los caballos islandeses, que poseen cinco, en lugar de cuatro, maneras de moverse, un simbolismo que refleja el ritmo reflexivo y pausado con que trabajan Jónsson y Stevens. En el universo de la moda, sin duda hay espacio para acercamientos tan considerados y deliberados.
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