La inflamación digestiva es un fenómeno que puede ser causado por una variedad de factores, como intolerancias alimentarias, una combinación inadecuada de fibras, el estrés, cambios hormonales y desequilibrios en la microbiota intestinal. Esta diversidad de causas también explica por qué un mismo licuado puede ser beneficioso para algunas personas, mientras que para otras puede resultar problemático. Uno de los ingredientes más debatidos en este contexto es el yogurt.
El yogurt natural sin azúcar es conocido por su capacidad para aportar probióticos, microorganismos vivos que son fundamentales para mantener el equilibrio de la flora intestinal. En personas con una digestión lenta, inflamación leve o aquellos que han recibido tratamientos con antibióticos, este producto puede incrementar la tolerancia digestiva, reducir la producción de gases y facilitar un tránsito intestinal más regular. Además, el yogurt ayuda a suavizar la mezcla de los licuados, proporcionando proteínas que moderan el impacto de frutas ácidas o fibrosas, siempre que se realicen las combinaciones adecuadas.
Sin embargo, existen situaciones en las que el yogurt puede incrementar la inflamación. Aquellos con intolerancia a la lactosa, colon irritable activo o inflamación intestinal severa pueden experimentar problemas digestivos, como gases y distensión abdominal, incluso con yogurt natural. La dificultad en la digestión no siempre radica en el yogurt en sí, sino en la capacidad del cuerpo de asimilarlo en ese momento.
Por otro lado, los licuados que prescinden de los productos lácteos son, generalmente, más fáciles de digerir para quienes tienen estómagos sensibles. Al evitar los lácteos, es posible reducir la probabilidad de fermentaciones excesivas y gases, lo que es especialmente ventajoso para aquellos con digestiones más frágiles o en fases de inflamación activa. Estos licuados funcionan bien en períodos en los que se busca un descanso digestivo, siempre que se utilicen frutas de baja acidez y se controle la cantidad de fibra sin mezclar demasiados ingredientes.
En el debate sobre qué licuado inflama menos, no existe una respuesta única. Los licuados elaborados con yogurt son recomendables si la persona no presenta intolerancias y busca apoyar su microbiota intestinal. En cambio, los licuados sin lácteos se muestran como la opción más adecuada durante episodios de inflamación intensa o en caso de intolerancias comprobadas.
Los licuados que incluyen leche, especialmente la leche entera de vaca, son frecuentemente asociados con la inflamación digestiva debido a la lactosa y las proteínas lácteas, que pueden ser difíciles de digerir. En la preparación de licuados, la leche suele aumentar la densidad del producto y ralentizar la digestión, intensificando la sensación de pesadez, sobre todo al combinarse con frutas ácidas.
Volviendo a la comparación, aunque tanto el yogurt como la leche son considerados lácteos, su comportamiento en el organismo es diferente. El yogurt, gracias a su proceso de fermentación, suele ser mejor tolerado, ya que reduce parte de la lactosa y aporta beneficios probióticos que la leche no ofrece. Por ello, en el contexto de licuados digestivos, el yogurt suele ser la elección más favorable.
En conclusión, los licuados sin lácteos son generalmente los que menos inflaman en personas con sistemas digestivos sensibles. Los licuados que contienen yogurt natural pueden ser una opción viable, siempre que no haya intolerancias, mientras que los que incluyen leche suelen ser los que más frecuentemente generan inflamación. La clave para elegir el licuado adecuado radica en escuchar las señales del propio cuerpo y ajustar las elecciones alimenticias en consecuencia.
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