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Bally Bagayoko se interpone entre policía y estudiantes en manifestación en Francia

El alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, protegió a los estudiantes con sus brazos extendidos mientras la policía lanzaba gases lacrimógenos.

Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis: “Francia tiene que responder a los estudiantes con medidas concretas y no con la policía”
Fuente: El País Internacional

La imagen de un hombre negro, ataviado con traje y corbata, se interpone entre la policía y los jóvenes en una manifestación en Francia, es uno de los iconos de la protesta estudiantil que recorre el país.

El alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, se encuentra en medio de la acción, extendiendo sus brazos para evitar que la policía ataque a los estudiantes. La imagen muestra a la policía lanzando gases lacrimógenos y a los jóvenes ayudando a Bagayoko, cegado por el humo químico.

Bagayoko es un hombre de 53 años, hijo de una familia de origen maliense, que ganó las elecciones municipales en marzo en la primera vuelta con el 50,77% de los votos. Su victoria fue histórica y despertó una ola de racismo desde los medios de comunicación más conservadores.

En una entrevista con este periódico, Bagayoko habla sobre su experiencia como alcalde de Saint-Denis, una de las ciudades de la periferia más desfavorecidas de París. Aunque no se menciona el lugar y momento exacto de la entrevista, es claro que se refiere a un contexto específico.

Las imágenes en las que Bagayoko es gaseado por la policía para proteger a los estudiantes en una manifestación reciente son ya un símbolo de esta protesta.

Ya había participado en otras manifestaciones como alcalde de Saint-Denis, pero esta vez la situación era diferente. Iba escoltado por un grupo de aproximadamente 300 jóvenes que me acompañaban con orgullo.

Mientras marchábamos vimos a un equipo de antidisturbios que decidió cargar y lanzar gases lacrimógenos. Empecé a sentir los efectos del gas, pero no podía dejar que los estudiantes se asustaran.

Me interpuse entre la policía y los estudiantes de instituto que estaban paralizados por el miedo. Intenté frenar la carga con mi cuerpo y con la voz, gritando a la policía para que se detuvieran.

Los jóvenes me consideran uno de ellos, incluso un líder de esta protesta. Se reconocen en mí porque soy Bally, no solo porque sea alcalde.

Se sienten identificados con lo que hago y no es solo por el cargo que tengo. Para ellos soy como un padre o un hermano mayor que se preocupa por su bienestar.

La presidenta de la región Valérie Pécresse ha sido criticada por su falta de acción para mejorar la situación en Saint-Denis. La comunidad se siente abandonada y desatendida por las autoridades regionales.

El presidente Emmanuel Macron y el ministro de Educación Édouard Geffray también han sido cuestionados por no haber abierto un diálogo con los estudiantes cuando comenzaron a manifestarse. En lugar de eso, respondieron con la fuerza policial y la violencia, lo que ha llevado a una escalada de la situación.

La suma de errores y equivocaciones de las autoridades ha llevado a esta situación crítica en Saint-Denis. El ministro de Educación ahora promete abrir un diálogo para encontrar respuestas a finales de octubre, pero este plazo es considerado insuficiente por los manifestantes.

La respuesta policial ha sido desproporcionada y violenta en algunos casos, lo que ha llevado a la suspensión del lanzamiento de granadas aturdidoras. Sin embargo, sigue habiendo violencia institucional y policial, y las directrices dadas a la policía siguen siendo cuestionadas.

La situación en Saint-Denis es un ejemplo claro de cómo no se han tomado medidas concretas para abordar los problemas educativos y sociales. La comunidad siente que ha sido abandonada por las autoridades y que no hay una respuesta política viable a la vista.

La comunidad sigue sintiendo que ha sido abandonada por las autoridades, a pesar de los esfuerzos de algunos líderes locales por encontrar soluciones al problema de la violencia en las manifestaciones.

El Gobierno francés insiste en describir la situación como una lucha contra la ultraviolencia y la delincuencia organizada, pero muchos cuestionan esta narrativa. Se preguntan si la policía está realmente enfocada en proteger a los manifestantes o si solo busca reprimir su voz.

La forma en que la policía interviene en las protestas es objeto de críticas. Algunos destacan casos de abuso de poder, como el estrangulamiento de un joven de 14 años por parte de un agente policial. Otros se refieren a la utilización de herramientas que pueden causar lesiones graves a los manifestantes.

La intervención policial parece ser más dura en los barrios populares, lo que ha llevado a algunos a hablar de discriminación y racismo. Se cuestiona si la policía trata con mayor suavidad a los manifestantes que provienen de clases sociales más acomodadas.

El tema de la violencia legítima también es objeto de debate. Algunos sostienen que, en ciertas circunstancias, la violencia puede ser una respuesta justificada a la represión y la injusticia, pero otros argumentan que siempre debe evitarse.

La violencia como respuesta a la represión es un tema complejo y controvertido. Algunos argumentan que en ciertas circunstancias puede ser una forma de luchar contra la injusticia, pero otros sostienen que siempre debe evitarse.

El malestar que ha llevado a las protestas estudiantiles no se limita a una ley o reforma específica, sino que responde a un sentimiento más profundo de descontento con el Estado. Según informes parlamentarios, el gobierno ha abandonado sus responsabilidades en materia de justicia, educación y cohesión territorial.

Los estudiantes denuncian hechos reales de injusticia y exigen que el Estado responda con medidas concretas para abordar estos problemas, y no simplemente con la policía. Esto ha llevado a una convergencia de luchas y miradas en la ciudadanía, incluyendo estudiantes de buena posición económica que se unen a las protestas.

La respuesta de la ciudadanía a la llamada de los estudiantes ha sido masiva, con cientos de miles de personas participando en las manifestaciones. Esta cantidad es significativa incluso comparada con otros momentos históricos de protesta en Francia, como el Mayo del 68.

La protesta estudiantil en Francia ha ganado un carácter internacional, con temas como Palestina y el genocidio en curso siendo objeto de debate. Además, se están discutiendo las condiciones de vida y el poder adquisitivo en el país.

Francia no puede dar lecciones a nadie sobre cómo manejar protestas, ya que debe concentrarse en sus propios problemas. La llegada de la ultraderecha al Elíseo sería aún más dura con los estudiantes, pero carecen de soluciones reales para abordar el problema.

El partido La Francia Insumisa (LFI) está apoyando la protesta y tiene propuestas para ofrecer soluciones políticas a largo plazo. Otros partidos, como el macronismo y la extrema derecha, se mantienen alejados de la situación y no tienen nada que proponer.

La llegada de un nuevo gobierno podría significar respuestas más duras hacia los estudiantes, pero también es posible que se ofrezcan soluciones políticas a largo plazo.

Datos basados en información reportada originalmente por El País Internacional.

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