Todo ejercicio de esperanza empresarial en América Latina, la región del mundo más golpeada por la pandemia, desemboca en la contradicción de un singular pronóstico: el de la década perdida. Tras cinco años de bajísimos crecimientos y ahora una profunda recesión de la cual, según distintas estimaciones económicas, no nos recuperaremos en términos per cápita hasta 2025, su posibilidad es más que una mera profecía. Y luchar contra ella, por tanto, una tarea del primer orden.
En el marco de la Cumbre Iberoamericana tuve la oportunidad de compartir con el empresariado de la región cuatro razones para pensar en una década distinta: rescatada y redimida. La primera es la lección en tecnologías digitales que tuvimos todos (empresariado, sociedad civil, universidades y gobiernos) gracias a la pandemia. De la telemedicina al teletrabajo, del e-commerce al e-learning, vimos años de avance en apenas meses y con ello promesas de innovación, digitalización y productividad a nuestro alcance si logramos cerrar las brechas de desigualdades y acceso prevalentes.
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