La inminente aplicación de la Ley Seca en la Ciudad de México, programada para el miércoles 24 de junio a las 3:00 pm y que se extenderá hasta el jueves 25 de junio a las 7:00 am, está generando inquietud en el sector comercial, especialmente entre pequeños comerciantes. Esta medida, que limitará la venta de bebidas alcohólicas en varias colonias de las alcaldías Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo —incluyendo áreas como Tabacalera, Juárez, Centro, San Rafael y Cuauhtémoc—, podría traer consigo pérdidas significativas en un día donde el consumo de alimentos y bebidas suele dispararse, debido a los encuentros de la Selección Mexicana.
De acuerdo con la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (Anpec), se prevé que entre 3,000 y 5,000 establecimientos resulten afectados por esta restricción. Las expectativas de pérdidas son alarmantes, situándose entre 4.5 y 25 millones de pesos solo en esta jornada. Este impacto es particularmente preocupante para tiendas de abarrotes, minisúpers y establecimientos de conveniencia que dependen de la afluencia de consumidores durante los partidos de fútbol, un evento que tradicionalmente impulsa ventas.
Sin embargo, a pesar de las claras preocupaciones del sector, la Anpec también ha manifestado su reconocimiento de la importancia de mantener el orden y la seguridad pública. En este contexto, la organización sostiene que las restricciones impuestas no deberían perjudicar al comercio formal, un argumento que resuena entre muchos dueños de negocios que ven en la Ley Seca una amenaza a su sustento económico.
Los comercios que no acaten la disposición se enfrentarán a sanciones económicas, con multas que podrían oscilar entre los 41,175 y 293,275 pesos, lo que añade un nivel adicional de urgencia para el cumplimiento de la Ley. Este contexto crea un dilema para los pequeños comerciantes: priorizar la seguridad pública o proteger sus ingresos.
Sin duda, la Ley Seca plantea una seria disyuntiva para los pequeños negociantes de la ciudad, quienes verán dos entornos drásticamente diferentes; por un lado, la masa de aficionados que se agrupan para ver un partido, y por el otro, un comercio que puede verse coartado en su capacidad para ofrecer productos esenciales durante un evento muy esperado. La decisión de implementar restricciones como esta a menudo genera debates significativos sobre la simultaneidad de la seguridad y la salud económica, y esta situación no es la excepción.
Así, el 24 de junio se anticipa con una mezcla de fervor futbolístico y preocupación económica, mientras los pequeños comerciantes observan de cerca las repercusiones de una medida que, aunque destinada a preservar el orden, podría amenazar su viabilidad.
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