La reciente detención de Ismael “el Mayo” Zambada, enviada a cadena perpetua en Estados Unidos, marca un hito significativo en la historia del Cártel de Sinaloa, una de las organizaciones criminales más icónicas del país. Desde la captura de Joaquín “el Chapo” Guzmán en enero de 2016, el cártel ha sufrido una transformación profunda, pasando de ser un grupo unido y organizado a un conglomerado fragmentado en al menos cuatro facciones en constante disputa por el control territorial.
La lucha de poder dentro del cártel se intensificó cuando el brazo derecho del Chapo, Dámaso López Núñez, conocido como el Licenciado, intentó desposeer a los hijos de Guzmán hace varios años. Este episodio desató una ola de violencia que ha marcado el paisaje criminal de Sinaloa. Los hijos del Chapo, apodados los “Chapitos”, lograron consolidar su dominio en el narcotráfico y la producción de fentanilo, extendiendo su influencia hacia actividades criminales adicionales, desde la extorsión hasta el contrabando de tabaco y cigarrillos electrónicos en su feudo de Culiacán.
Sin embargo, con la reciente captura del Mayo Zambada, el panorama se ha tornó aún más oscuro. Ismael Zambada Sicairos, alias “el Mayito Flaco”, ha emergido como líder de la facción que representa a los Mayos, en un contexto donde los Chapitos —Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán Salazar— se encuentran aún en la clandestinidad. A esta lucha de facciones se suman otros actores, como Aureliano Guzmán, apodado “el Guano”, hermano del Chapo, y Fausto Isidro Meza Flores, conocido como “el Chapo Isidro”, que dirige remanentes de la extinta organización Beltrán Leyva.
Analistas como David Mora de International Crisis Group subrayan que, aunque el Cártel de Sinaloa todavía es percibido como una unidad, su fragmentación ha permitido el surgimiento de otros grupos delictivos en México, como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Mora advierte que la captura de líderes como el Mayo no necesariamente contribuye a una disminución de la violencia. Por el contrario, puede exacerbar la lucha por el poder entre las facciones remanentes, generando un ciclo de violencia en el que los grupos se adaptan a las políticas antinarcóticos del gobierno.
Raúl Guillermo Benítez Manaut, investigador de la UNAM, coincide con esta evaluación: el Cártel de Sinaloa, tal como lo conocíamos, ha dejado de existir. Su debilitamiento, causado principalmente por la presión del gobierno, ha resultado en disputas internas y ha llevado a una dispersión del narcotráfico hacia otras organizaciones. Así, aunque las dos facciones principales siguen enfrentándose, su influencia a nivel nacional ha disminuido, convirtiéndose en una lucha más localizada.
La situación actual del Cártel de Sinaloa es un reflejo de la compleja y cambiante dinámica del crimen organizado en México, donde las capturas y el debilitamiento de líderes pueden engendrar nuevas realidades, pero no siempre significan el fin de la violencia. Como se ha demostrado, las estructuras criminales son resilientes y se adaptan a los nuevos desafíos, lo que sugiere que el camino hacia la paz es aún largo y lleno de obstáculos.
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