La situación en el estrecho de Ormuz se vuelve cada vez más tensa, con la Armada de la Guardia Revolucionaria de Irán alertando sobre lo que describen como la inminente “hora cero” para una operación contra las fuerzas navales del Comando Central de Estados Unidos (Centcom) en la región. Durante seis días de escalada militar, al menos 38 personas han perdido la vida en territorio iraní, mientras los precios del petróleo alcanzan niveles alarmantes.
En un comunicado reciente, la Guardia Revolucionaria advirtió que los movimientos y el equipamiento del “Ejército terrorista estadounidense” están bajo su vigilancia, y emitió un mensaje directo, instando a la comunidad internacional a “esperar”. En otro comunicado, aseguraron tener “control total” sobre el estrecho de Ormuz, amenazando con que, mientras continúen las operaciones estadounidenses, “ni una sola gota de petróleo o gas será exportada desde esta región”.
La escalada de tensiones comenzó el pasado sábado, cuando el presidente estadounidense Donald Trump decidió finalizar un memorando de entendimiento con Irán, citando ataques iraníes contra embarcaciones comerciales en la ruta marítima estratégica. Dos días después, Washington reimplantó un cerco naval sobre puertos y buques iraníes en Ormuz, en respuesta a la amenaza de cierre del paso marítimo por parte de Teherán.
Recientemente, el Centcom informó que sus fuerzas llevaron a cabo operaciones que resultaron en la destrucción de la torre de vigilancia del puerto Chah Bahar Shahid Kalantari, un punto estratégico que Irán utilizaba para monitorizar y atacar buques comerciales. Según el comando estadounidense, esta acción tiene como fin “proteger” la navegación en la zona.
Las hostilidades han tenido un impacto brutal; durante un bombardeo nocturno a varias instalaciones militares, al menos ocho personas fueron asesinadas en la provincia de Hormozgán, con un saldo de más de 400 heridos, que el portavoz del ministerio de Salud iraní, Hosein Kermanpur, elevó a cifras alarmantes. En una de las respuestas de Irán, se afirmaron ataques contra bases estadounidenses en Kuwait, Siria y Catar, con la notificación de que varios misiles y drones fueron interceptados por las autoridades jordanas y de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí.
Además, Teherán aseguró haber destruido objetivos en Al Tanf, Siria, y en Catar, incluyendo sistemas de radar y aviones cisterna, sosteniendo que su ataque resultó en la muerte de un número considerable de efectivos estadounidenses. Sin embargo, el Centcom desmintió estas aseveraciones, afirmando que no ha habido bajas en su personal en la región.
Por su parte, Kuwait ha denunciado daños en una de sus plantas desalinizadoras y de energía a causa de los ataques, lo que llevó a las autoridades a pedir a los ciudadanos que reduzcan su consumo eléctrico para estabilizar la red.
A medida que los acontecimientos se desarrollan, la comunidad internacional observa con preocupación la posibilidad de un conflicto a gran escala en una de las áreas más estratégicas del mundo. La situación se mantiene en un punto de ebullición, y cualquier error podría desencadenar consecuencias impredecibles y devastadoras.
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