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Navegando, me encuentro con Paco del Campo, un afable hombre mayor que lleva siempre la misma ropa (camisa de cuadros, chaleco de punto) y sabe elegir sandías y preparar remedios para dormir mejor. Lleva solo dos semanas publicando sus vídeos pero ha conseguido más de un millón de seguidores entre Instagram y TikTok que parecen adorar sus consejos sobre cómo comprar pimientos o qué hacer con un aguacate marrón. No uses sal refinada, dice, mírale la base a los apios. Vende libros electrónicos de entre cinco y 13 euros con sus consejos, y está contento porque le va muy bien con ellos. Compruebo que tenemos media docena de contactos en común, personas educadas y con muchas horas de internet a sus espaldas. Pregunto a una de ellas y me dice que ese abuelo no para de salirle y que le parece entrañable. Ni ella —ni, estoy segura, la mayor parte de sus seguidores— han notado que Paco no existe y está creado con inteligencia artificial. Bien mirado, hay algo extraño en su voz y en sus escenarios, perfectos fondos rurales de los que cuelgan ramilletes de aromáticas. Está muy bien hecho y sus vídeos no aparecen etiquetados como artificiales. Dentro de los términos legales de su web sí se reconoce que “Paco del Campo” es una denominación comercial, y que el nombre y el NIF de la persona supuestamente creadora es otro.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación.



























