El Mundial 2026 atrae la atención de más de cinco millones de espectadores en los estadios en un ambiente lleno de emociones, pero en un segundo plano, persiste una creciente protesta contra la politización de la FIFA, resaltada por la vinculación de su presidente, Gianni Infantino, con Donald Trump.
Recientemente, la ONG FairSquare hizo eco de un llamado de cincuenta eurodiputados para que se inicie una investigación sobre la decisión de Infantino de otorgar un “Premio FIFA de la Paz” a Trump. Este galardón, presentado con gran pompa durante el sorteo del Mundial el pasado diciembre, ha generado burlas y sorpresa, especialmente ante la falta de claridad sobre los criterios de su concesión.
Infantino, único dirigente deportivo presente en la investidura de Trump en enero de 2025, ha expresado repetidas muestras de adulación hacia su política. La controversia se intensifica con declaraciones que sugieren la posibilidad de que Trump sea candidato al Premio Nobel de la Paz, lo que ha llevado a reacciones de alarma, como la que expuso FairSquare, que advierte sobre la amenaza que representa esta cercanía para la integridad del fútbol.
A inicios de junio, la federación noruega, que ha asumido el papel de defensor moral en el ámbito futbolístico, respaldó a FairSquare, aunque lo hizo sin el apoyo de las otras 210 federaciones miembros de la FIFA. La presidenta de la federación, Lise Klaveness, expresó el agobio de sentirse “rehén de algo malsano”, haciendo referencia al galardón de la FIFA. “La sensación de que no solo el Emperador está desnudo, sino que nos conduce en una dirección peligrosa”, afirmó, aportando una metáfora contundente.
Este aislamiento no sorprende, pues la era de Infantino ha traído a las federaciones una riqueza financiera sin precedentes. Se estima que la FIFA distribuirá hasta 8 millones de dólares a cada asociación nacional en el ciclo 2023-2026, lo que refuerza la lealtad de muchas federaciones ante las críticas.
El Comité Olímpico Internacional, del cual Infantino es miembro, ha optado por dejar sin sanción su conducta, lo que ha suscitado un mayor descontento. Esta inacción ha llevado a que la respuesta provenga del ámbito político, una intervención significativa desde que el Parlamento Europeo solicitó la dimisión de su predecesor, Sepp Blatter, en 2015.
A finales de 2024, la preocupación de 30 eurodiputados respecto a la concesión del Mundial 2034 a Arabia Saudita sin competencia fue ignorada por la FIFA, que no ha comentado sobre las acusaciones de connivencia política.
Con un nuevo mandato a la vista en marzo, Infantino parece completamente seguro de su posición. Sin embargo, su preferencia por cortar lazos con Europa podría ser perjudicial, dado que la marca FIFA ha comenzado a deteriorarse. Además, dos denuncias sobre el calendario internacional, que entrará en vigencia en 2024, están bajo revisión por parte de la Comisión Europea, y podrían tener repercusiones significativas para la organización.
La situación actual revela rivales en el terreno del fútbol que van más allá de la contienda deportiva, elevando un asunto de ética que pide a gritos una resolución. Mientras tanto, el interés por el Mundial sigue creciendo, contrastando con la sombra de la controversia que se cierne sobre la FIFA y sus decisiones.
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