El régimen de Irán ha elevado la tensión en el contexto de su conflicto prolongado con Estados Unidos, acusando a este último de una grave “violación flagrante” del alto el fuego establecido el 8 de abril. Este conflicto, que se desencadenó el 28 de febrero con una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, ha llevado a que Irán declare el cierre total del estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más estratégicas del mundo.
El Ministerio de Exteriores iraní ha alertado que las recientes acciones de Washington, a las que califica de “agresión generalizada”, han dejado el acuerdo de cese de hostilidades prácticamente ineficaz. En su comunicado, enfatiza que tales actos son una violación seria de la Carta de Naciones Unidas y del Derecho Internacional, responsabilizando a la élite gobernante estadounidense por las posibles repercusiones peligrosas de estas acciones.
En un giro aún más provocador, la Guardia Revolucionaria de Irán ha emitido una advertencia clara: cualquier barco que intente navegar por el estrecho de Ormuz será considerado un objetivo. Esta declaración coincide con la confirmación de que el tránsito por esta vía se ha cerrado completamente, lo cual podría tener repercusiones significativas en el comercio marítimo global.
Hasta ahora, Irán había mantenido un bloqueo parcial, permitiendo pasar alrededor de veinte buques diariamente. Sin embargo, a raíz de los más recientes ataques estadounidenses, la situación ha escalado, llevando a los Guardianes de la Revolución a cerrar por completo esta importante ruta marítima.
El Gobierno de Irán se justifica en su derecho a la legítima defensa tras los ataques que han sufrido sus bases en Bahréin, Kuwait y Jordania. Estas acciones han sido categorizadas como necesarias para proteger su soberanía, y aunque no se han reportado víctimas o daños en las instalaciones estadounidenses, la tensión en la región continúa creciendo.
Las autoridades iraníes también han hecho hincapié en la responsabilidad compartida de los miembros de la ONU para responder ante lo que han considerado una “violación flagrante” de los principios de la Carta de Naciones Unidas, tanto por parte de Estados Unidos como de Israel. Teherán ha advertido que el silencio y la inacción podrían tener consecuencias devastadoras, arrastrando al mundo hacia un caos mayor.
A medida que se agrava la situación, el régimen iraní ha reiterado que se verán forzados a tomar las medidas necesarias para contrarrestar estos ataques y garantizar la seguridad de su territorio. Con el estrecho de Ormuz bajo control iraní, las ramificaciones del conflicto se expanden, afectando no solo a las naciones involucradas, sino potenciando la inestabilidad en toda la región. La búsqueda de una resolución pacífica parece más lejana que nunca.
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