¿Por qué las personas votan tal y como lo hacen? La respuesta suele ser más compleja de lo que parece. Es tentador atribuir victorias electorales a la ignorancia de las masas o a la manipulación política, pero estas afirmaciones simplifican realidades profundas.
Las encuestas son herramientas valiosas que nos permiten asomarnos a la psique colectiva. En una encuesta de AP-NORC realizada en junio de 2016, un alarmante 80% de los encuestados afirmó que los estadounidenses estaban muy divididos en sus valores, y el 85% consideraba que informacion.center estaba más fracturado que en el pasado. Además, un 52% creía que los días de gloria de Estados Unidos habían quedado atrás. Este contexto revela que el descontento no se generó de la noche a la mañana; se cultivó en un ambiente de pesimismo, frustración y desconfianza hacia las élites.
Donald Trump supo leer este malestar, no lo creó. Al ofrecer enemigos visibles y canalizar el descontento, logró movilizar a un electorado que, hasta entonces, se sentía ignorado. Una encuesta de abril de 2026 refleja esta tendencia: solo uno de cada cuatro estadounidenses se siente superior a otros países, y casi un 30% considera que hay naciones más exitosas, el doble que en 2016. El Sueño Americano se desdibuja; la democracia pierde su peso como elemento de identidad nacional. En este ambiente, la propuesta de Trump floreció.
En México, un fenómeno similar se observa con el partido Morena. El apoyo a esta formación no se debe exclusivamente a la ignorancia o a la manipulación, sino a un malestar profundo hacia los partidos tradicionales. Las encuestas indican que muchos votantes están cansados de la corrupción y la desigualdad, viendo en Morena no una opción ideológica, sino una respuesta a gobiernos que consideran fallidos. La comparación no es con un ideal democrático, sino con el legado del PRI y del PAN, en la que Morena sigue dominando.
Los programas sociales juegan un papel crucial. Para muchas familias, estas ayudas son fuentes de ingresos reales, más allá de cualquier discurso. Quien recibe una pensión o beca no vota por ignorancia, sino por gratitud, continuidad, o por el temor a perder lo que habían conseguido. Figuras como Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum logran conectar con este sector de la población, comunicándose directamente con ellos en lugar de dirigirse exclusivamente a las élites urbanas.
Aunque Trump y Morena representan contextos distintos, el mecanismo político es similar: cuando una gran parte de la sociedad siente que el sistema no le da voz, premia a quienes prometen desafiarlo. Esta dinámica se vuelve esencial para entender las elecciones en ambos países.
Con la mirada en las elecciones de México en 2027 y las de EE. UU. en noviembre de 2026, el descontento sigue generándose cada día. La polarización social no es simplemente un síntoma del sistema; es su combustible.
Un error común es asumir que quienes votan de una manera lo hacen por una inferioridad moral o intelectual. Esta no es la verdad. Ya sea el votante de Trump o el de Morena, ambos están tomando decisiones basadas en sus experiencias, miedos y recuerdos.
Para comprender por qué millones eligen como eligen no es necesario justificarlos, sino es un requisito fundamental de la democracia. Mientras los oponentes sean tratados con desprecio, nadie tendrá incentivos para escucharlos. Y sin esa escucha, continuarán apoyando a quienes les digan, aunque sea de forma contundente, que sí los comprenden y que están dispuestos a mejorar su calidad de vida.
Esta nota contiene información de varias fuentes en cooperación con dichos medios de comunicación



























